TESTIMONIOS

ENCUENTRO LAICOS con Fray Nelson Medina

4-5 de febrero de 2017. Casa de las Hnas. Oblatas en Ciempozuelos (Madrid)

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Después del Retiro con los sacerdotes, Fray Nelson compartió el fin de semana con un grupo de laicos que disfrutaron muchísimo de sus enseñanzas. A todos se nos hizo corto, pero fue muy intenso. Estamos deseando poder repetir la experiencia con más tiempo.

“Muchas gracias por esta posibilidad de haber conocido a Fray Nelson, que conocía en YouTube. Muy interesante y relevante”.

“Gracias por esta maravillosa experiencia llevada a cabo por esa persona tocada por la mano de Dios que es el Padre Nelson. Gracias a Lourdes y a Úrsula por este regalo”.

“Gracias a Dios y a María por permitir y disponer todo para poder venir desde Sevilla y “encima” traerme desde allí a una amiga. Esto es una señal más de su amor por mí. Una vez más me siento tocada por su amor y llamada por mi nombre. Una vez más me dice, ‘Carmen te quiero, limpio tus pecados, sígueme constantemente’. Gracias a Lourdes por el tiempo que le dedica. A Úrsula por su ternura, a Dios por Fray Nelson, a mi amiga por dejarse llevar por mí y mi locura de amor”.

“Alabamos, damos gracias a Dios por este retiro dado por F. Nelson, un instrumento valioso de Dios”.

“Gracias Padre Nelson, su retiro ha sido un gran momento con el amor de Dios”.

“Gracias, Señor, porque he podido asistir a este retiro. Me ha encantado la explicación de los evangelistas”.

“Gracias Jesús por derramarte y sorprenderme tanto”.

“Gracias Jesús por haberme traído a este Retiro tan precioso”.

“Bendito y alabado seas Señor por este Retiro tan maravilloso que nos has regalado, bendito seas porque te manifiestas con todo tu amor en el Padre Nelson, en Lourdes y en los hermanos con los que hemos compartido el Retiro. Gracias Señor pot tu amor”.

“Gracias a todos, a Fray Nelson y a ti Lou. Que el Señor cumpla todos los anhelos de nuestros corazones”.

“Gracias a todos y que el Señor os bendiga. Unidos en la oración”.

RETIRO SACERDOTAL con Fray Nelson Medina

30 de enero al 3 de febrero de 2017 en la Casa de las Hnas. Oblatas de Ciempozuelos (Madrid)

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El Retiro de Sacerdotes con Fray Nelson fue una gran bendición. Fueron poquitos sacerdotes, pero selectos. Fray Nelson impartió unas enseñanzas preciosas sobre las Fuentes de la Vida Sacerdotal que podéis ver en nuestro canal de YouTube: VÍDEOS RETIRO FRAY NELSON .

Al ser tan pocos fue como estar en familia. Nosotras nos hemos sentido muy felices de poder ayudar y servir en este Retiro, además de sentirnos muy queridas y apreciadas. Aquí os dejamos una muestra de lo que escribieron los sacerdotes:

“Ha sido todo un placer conocer a Fray Nelson. También me ha gustado el hecho de compartir la vida a través de la experiencia de vocación personal que hemos escuchado. La liturgia la hubiera hecho más pausada. Es importante crear un buen ambiente de diálogo distendido en las comidas”.

“Gracias a Dios por haberme permitido participar de este retiro espiritual que sin duda es un regalo. Gracias también porque conocí otros hermanos sacerdotes, sus experiencias y testimonios de vida. Gracias a Misión MAS por esta labor de ayudar e interceder en esta obra.”. 

“Gracias primero a Dios, y después a cada uno de ustedes y a Fray Nelson por acordarme el amor primero, y poder volver a enamorarme de mi sacerdocio y ver lo fundamental que tiene y que quiere Dios conmigo para amar más a todo el mundo”.

“Doy muchas gracias a Dios por participar de este retiro espiritual. Ha sido un gozo poder escuchar a Fray Nelson en persona y poder convivir con él, después de haberlo escuchado tanto a distancia cibernética. También el encuentro con otros sacerdotes y con Lourdes y Úrsula. Me enconmiendo a vuestra oración y os tendré presente en la mía”.

“Agradezco al Señor de todo corazón por este inesperado y precioso regalo. El conoceros a vosotras y a Fray Nelson ha sido para mí todo un detalle del amor que viene del Cielo. Pido al Espíritu Santo que ese “Fuego de Ars” siga creciendo en intensidad. Estáis desde ahora en mi pobre oración. Un abrazo de todo corazón”. 

RETIRO MARÍA MADRE DE LA MISERICORDIA

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Del 25 al 27 de noviembre hemos tenido el Retiro de María, Madre de la Misericordia. Nos ha acompañado con su predicación Mª Jesús Casares, laica comprometida en el Ministerio de la predicación en la Renovación Carismática Católica. Han sido días intensos de presencia de la Madre y de Jesús. Desde la Anunciación hasta María a los pies de la Cruz, María Jesús nos ha hablado de como María acoge la Misericordia de Dios, se hace ella misma misericordia para Dios, actúa con misericordia en la Visitación y se hace Madre de la Misericordia para todos a los pies de la Cruz. Ha habido momentos de adoración, de intercesión, de oración personal. En fin, como solemos decir: “el Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Como solemos hacer en nuestros retiros, hemos llevado “El libro de la Vida” para que los participantes vayan escribiendo sus impresiones durante el Retiro. He aquí lo que han escrito:

“Gracias, Madre, porque nuestros nombres están escritos en el Libro de la Vida. Que tus planes se abran paso para cada uno de nosotros. Regálanos entrañas de Misericordia para que seamos portadores de Tu Hijo y del Espíritu Santo. Que seamos Custodias Vivas que llevemos a Tu Hijo a los más necesitados de tu misericordia en nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras parroquias y a los que están más alejados de ti. Danos Vida a través de tus sacerdotes. Cúbrelos con tu mantos y protégelos. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. P.S.S. Amén.Y cuida de Lourdes y de Cordelia”. 

“Gracias, Madre mía, Señor, por este regalazo de Retiro, ‘María, Madre de la Misericordia’, que Misión MAS ha organizado con inspiración del Espíritu Santo, y que tantos frutos dará en mi fe, para contemplación y acción en mi vida de cristiana humilde ante Dios”.

“Gracias, Madre nuestra por atraernos a ti y sanar nuestro matrimonio, para que, desde tu Pentecostés nos envíes a ser tus testigos. Gracias”. “Gracias por la fidelidad de tus hijas e hijos de la Renovación Carismática”.

“Gracias, Madre, por ser en tantos momentos refugio, consuelo y auxilio, y por la llamada a este Retiro contigo para confirmarme en la consagración a ti para un fiel seguimiento de tu Hijo Jesucristo”.

“Gracias, Mamá María. Se ha notado tu intercesión provocando el gran paso del Señor. Sigue a nuestro lado siempre y dime don quieres que vaya”. 

“Un añito caminando con María como “Madre) desde el Retiro de Intercesión con María), acompaña ella mis primeros pasos en este nuevo ‘renacer’ de mi vida. ¡Ánimo Misión MAS! Continuad con vuestra labor de amor y servicio, que tanto bien hace en la Iglesia”.

“Gracias Madre de Jesús y Madre Nuestra, por haberme traído de nuevo a este retiro, donde el Espíritu Santo nos ha dado unas enseñanzas preciosas sobre María, Madre de Misericordia. Pido frutos de conversión para todos los que han participado en el retiro, por los que no hayan podido venir; que la Madre nos haga tan misericordiosos como Ella; que la Anunciación se haga vida en nuestro corazón y podamos llevarlos a los demás”. 

Estamos deseando recibir testimonios de este Retiro para ver los frutos que Mamá María y el Señor hacen crecer. Gracias María, gracias Jesús, gracias Padre, gracias Espíritu Santo.

¡SIEMPRE HAY MAS!

 

VISITA DEL PADRE SANTARELLI – VACACIONES CON JESÚS

El Padre aprovechó su paso por Madrid para presentar su nuevo libro. Vídeo de la presentación del libro “El Descanso. Una experiencia del Espíritu” del Padre Adrián Santarelli en los Carmelitas de Ayala.

Estuvimos una semana de Vacaciones con Jesús y el Padre Santarelli en Santiago de la Ribera (Murcia). Sin duda una experiencia inolvidable para todos, donde combinamos lo espiritual con el descanso estival. Todos quedamos encantados de la experiencia y estamos deseando poder repetirla cada año.

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P. Santarelli-Adoración

El pasado mes de julio, el Padre Adrián Santarelli estuvo de visita en España. El día 21 celebró una Eucaristía con Adoración e imposición de manos en la cripta de la Parroquia del Inmaculado Corazón de María, en la calle Ferraz de Madrid.  Fue un momento muy especial de gracia y bendición. Hemos recibido este testimonio de una de las personas asistentes.  Os invito a leerlo despacio, disfrutando de las maravillas que hace nuestro Señor. ¡Gloria a Dios!

 

Quiero contar mi experiencia con la Efusión del Espíritu que nos regaló ayer el Padre Adrián.

Conocía al P. Adrián de oídas, y si bien no dudé en ningún momento de que ese hombre hubiera recibido de Dios el don de la sanación, tengo bien claro que quien sana es Jesucristo, por medio de quien él decida valerse y sólo cuando él lo decida. Como el propio P. Adrián dijo en la homilía anterior a la imposición de manos: “a Dios no le podemos
manipular. A veces se siente algo y a veces no; a veces uno se cura y otras veces no”.

A mí me habían impuesto las manos otras veces y reconozco que, si bien fue siempre un bonito momento de paz y de oración, nunca sentí nada digno de ser contado. Nunca vi ninguna luz ni sentí nada extraordinario, y tampoco tuve nunca la sensación de que el Espíritu me hubiese “tirado al suelo”. Siempre fue un agradable “dejarse hacer” por parte del sacerdote y un intenso y hermoso momento de oración, pero nada más.

Debo decir que ayer yo me encontraba en el peor estado de ánimo posible para recibir ese momento de paz. Por un error mío de planificación, me encontré con que en el momento en que los sacerdotes se disponían a iniciar la imposición de manos yo ya tenía prisa por marcharme, puesto que llegaba tarde a una reunión previamente organizada. Yo, que soy
extraordinariamente (casi, incluso, podríamos decir “obsesivamente”) puntual, reconozco que pocas cosas me pueden agobiar más que llegar tarde a una cita (sea de la índole que sea) de modo que miraba el teléfono nervioso al tiempo que veía cómo había cientos de personas esperando para recibir la gracia de Dios, y no sabía cuándo me iba a tocar a mí.

En algún momento incluso se me pasó por la cabeza irme sin esperar al tan esperado momento de la imposición de manos, pero Dios me ha concedido la gracia de confiar al menos un poco en él, y de saber que Él espera siempre al último segundo, como si quisiera poner a prueba nuestra fe; de modo que, en medio de mi inquietud, prevalecía la confianza de que si el Señor quería regalarme ese momento, lo iba a hacer, pasara lo que tuviera que pasar.

Cuando, por fin, llegó mi turno para someterme a ese momento de oración, me encontré de pie delante del P. Adrián sin más expectativas que las de recibir un momento agradable de paz y de marcharme corriendo a mi cita. El P. Adrián me colocó frente a sí, yo cerré los ojos y no puedo decir que pensara en nada. Escuché al Padre decir unas palabras en un idioma que no comprendí y en ese preciso momento sentí algo inexplicable.

Las palabras son siempre pobres para definir este tipo de experiencias, pero yo sentí sin ningún género de dudas como si me hubieran dado un pellizco en el corazón. Fuerte y claramente identificable, pero muy suave e indoloro. Yo sabía perfectamente que el Padre no me había tocado para nada. Fue algo interno, como un suave y repentino golpe en el
corazón que, más que por la fuerza, me tiró hacia atrás por lo absolutamente inesperado de la sensación. Mientras caía, me sorprendió descubrir que mi mano derecha iba buscando su camino hasta posarse sobre mi corazón, en una pose similar a cuando los americanos entonan su Himno Nacional en señal de profundo respeto. En esa posición me quedé tumbado en el suelo, y me sorprendió descubrir que mi corazón estaba latiendo a gran velocidad. Me quedé allí tumbado intentando comprender qué había podido ocurrir, mientras la persona que me asistía en ese momento, conocedora de mis prisas anteriores, me dijo que no tuviera prisa en levantarme. Pero no la tenía. No pensaba en nada, simplemente estaba sorprendido por lo que acababa de ocurrir. No conseguía darle explicación.

En todo momento estaba consciente de todo lo que ocurría, y no sentí nada especial mientras estaba tumbado en el suelo. Simplemente me quedé allí tranquilo y recuerdo que no le pedí a Jesús que me concediera la salud física, sino un don mucho más preciado: el don de la fe.

Yo no sé qué maravillas obrará el Señor en esos momentos, pero sí creo que los mayores milagros de Dios son aquellos que no se ven. Si bien ayer Dios quiso regalarme una manifestación física y externa de su Gracia, tengo claro que el mayor milagro que puede obrar el Señor es transformar un corazón cerrado en un corazón lleno de fe, de esperanza y
de caridad. Por eso, y para siempre, Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

RETIRO DE ORACIÓN DE INTERCESIÓN con Denise Bergeron

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Casa La Cerca en Los Molinos (Madrid). 22-24 de abril de 2016

“¡Ha sido una bendición! GRACIAS POR TODO. ¡Qué Dios os bendiga!”

“Todavía me sorprendo de estar en este retiro. Pero, sólo al estar aquí me he dado cuenta de porqué me llamaste de esa forma tan repentina. A falta de dos días, y todas las plazas ocupadas dispusiste un sitio para mí, para encontrarte conmigo. Sin duda, una obra tuya que ha conseguido devolverme la alegría a mi corazón. Un corazón lleno de oscuridad y tiniebla que ahora está fresco y lleno de luz y alegría. ¡Gracias Dios! Ahora entiendo todo. Sin duda, los caminos de Dios son inescrutables”.

Yo doy muchas gracias porque continuamente me he rebelado en mi vida a las oraciones que parecen “pidadosas”, o sea Rosario, Rosario de la Misericordia… y en el taller vi claramente que debo doblegarme y ser más dócil, más obediente. Gracias por todo lo demás también”.

“He venido buscando discernimiento pues llevaba en mi corazón y en mi mente la idea de la intercesión, pero no sabía en qué consistía exactamente ni si era a esto lo que me llamaba el Señor. He sentido la confirmación del ministerio. Doy gracias a Dios, a Cordelia por traerme y a Denise por comunicar tan bien. Que Dios las bendiga.”

“Gracias, Jesús por tanto amor y bendición recibida en este retiro. Me llevo de este retiro el amor de compartir a Jesús a través de mis hermanos en fe y como él se hace presente. Gracias a Denise, a los sacerdotes y a Lourdes. Bendiciones.”

“Os doy las gracias por vuestra generosidad al acercarnos a una experiencia tan maravillosa del Señor, cada paso hacia Él va cobrando sentido en mi vida. Gracias miles, Dios os bendiga”.

“Me voy muy llena del Señor por todo lo que el Señor ha derramado y vida, y los detalles que ha tenido conmigo”.

 

 

 

TESTIMONIO: “TRES RETIROS CON MISIÓN MAS

A comienzos del año 2013, de la noche a la mañana mi vida cambió drásticamente, sin que yo lo hubiera provocado ni pudiera hacer nada para evitarlo. Fue el principio de una larga y profunda crisis, de todo un proceso tremendamente duro de despojamiento y de purificación interior, de muerte en definitiva. Estaba en una oscuridad tremenda y me sentía como si de repente hubiera desaparecido la tierra bajo mis pies, como un cuerpo sin columna vertebral, todo se había derrumbado.

Se vino abajo todo, excepto Dios. Por pura gracia, he podido permanecer en El, buscando sin cesar su voluntad en esta situación, firmemente agarrada a Él.  Durante todo este tiempo Dios ha sido bueno conmigo -¡Cómo no! ¡Siempre lo es!-, me ha estrechado entre Sus Brazos, y me ha puesto al lado hermanos que también me han cuidado y sostenido en este sufrimiento.

 

Después de permanecer un tiempo como el “grano que cae bajo tierra y muere”, actualmente estoy en proceso de recuperación (lento y gradual, aún queda mucho por restaurar); recuperación en la que -entre otros- Misión MAS está teniendo mucho que ver: he asistido a tres de sus retiros, que han sido fundamentales para mí en este momento; cada uno de ellos un derroche de gracia, cada uno de ellos un bálsamo restaurador para mi corazón herido; en cada uno de ellos un área restaurada, un pasito más:

1) Retiro Eucarístico de Sanación, CuBas de la Sagra del 13 al 15 de junio de 2014: El Señor puso en pie este montón de huesos secos (Ez 37) en que mi vida había quedado convertida: “Todo lo hago nuevo”.

2) Retiro Eucarístico de Intercesión, Villa S. Pablo (Madrid) del 30 enero a 1 febrero 2015: “El espíritu entró en ellos (huesos secos)  y revivieron” (Ez 37) Avivó en mí un rescoldo aparentemente apagado.

3) Retiro “María, Maestra de Intercesión”, Villa S. Pablo (Madrid), del 20 al 22 de noviembre de 2015: Empezar de nuevo. Con María. Me puso a servir.

 

He recibido tantísimo que es imposible –y no procede- contarlo aquí todo. Por ello  iré a lo más esencial, sin detenerme en tantos y tantos detalles, pequeños pero no por ello menos importantes,  a través de los cuales el Alfarero Divino ha ido trabajando en ese taller oculto que es mi corazón. Espero no alargarme demasiado.

 

  1. Retiro Eucarístico de Sanación (CuBas de la Sagra, 13-15 de junio de 2014)

“ME PUSO EN PIE”

(Testimonio ya publicado)

Desde que supe de este retiro, me sentí tremendamente atraída por el lema del retiro “VENID A MÍy lo que dice a continuación: “:.. los que estáis cansados y agobiados (¡así estaba yo!) y yo os aliviaré…. y encontraréis descanso”. Verdaderamente necesitaba encontrar ese “descanso”, pues me encontraba completamente sin fuerzas, mi espíritu atormentado y en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos.

Las lágrimas -sean de alegría o de dolor-  son un don del Espíritu Santo. Ante El expuesto vacié mi corazón y derramé todo mi dolor: “Así estoy, vengo a Ti rota y sin fuerzas para volverme a poner en pie. Siento que mi vida entera es un fracaso y estoy llena de frustración, decepción, oscuridad, angustia, miedo, ansiedad…Señor, tu vasija se ha roto. Mi vela está apagada”. Y desde lo hondo le grité: “¡Sálvame!. ¡Sáname y restáurame!. ¡Recógeme y rehaz mi vida!”. Durante un par de horas, lloré y lloré y lloré.

Cuando me calmé, abrí la Biblia y lo que leí fue, en este orden: Mt 9, 9-12: “…No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Entended lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios; yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Vio a Mateo, sentado en la oficina de impuesto, y le dijo: Sígueme. El Se levantó y lo siguió….

Nada me costó reconocerme así ante Él: enferma y necesitada de su misericordia.

Y estando así escuché también su llamada a seguirle, en mis duras circunstancias actuales.

La intercesión que hicieron por mí, ante el Santísimo expuesto y muy cerquita de la custodia ¡qué regalazo! Les expliqué cómo estaba y la situación que vivía y el sacerdote me dijo: “Conocemos la capacidad que tiene el Señor para hacerlo todo nuevo. Vamos a pedírselo para ti”. Oraron intensamente. Y el Señor siguió hablándome:“Yo te recojo. Y tomo tu vida hecha añicos, cada uno de esos pequeños trozos en que has quedado rota… Como el fuego que lo purifica todo… De la misma manera que el grano no da fruto si no cae en tierra y muere, así tu muerte  dará mucho fruto en las vidas de otros….En tu aparente fracaso confía y espera. Renueva hoy tu fe en mi presencia contigo y tu confianza en que yo lo hago todo nuevo…” Soy incapaz de recordarlo todo, sólo sé que cada una de aquellas palabras era como un bálsamo para mi corazón. Las lágrimas ahora eran de alegría;  y una gran paz y serenidad me fueron poco a poco inundando.

Cuando acabaron permanecimos ahí, en silencio, un par de minutos o así, no sé exactamente. Me costaba mucho levantarme. El Señor me había recogido y me sentía en Sus Brazos. No quería irme de ahí pero ellos tenían que orar aún por otras personas: “El Señor te espera en la capilla”. Y salí de aquella sala decidida a continuar en la capilla saboreando aquél momento de gracia.

Sin embargo, tuve que ir a confesarme. Literalmente. En unos minutos ¡cuatro veces me “mandaron” a confesarme en ese momento!. (Me había apuntado antes para hacerlo, claro). Y fue como el complemento de la intercesión ¡Cuánta gracia derramada en este Sacramento!.

Iba a empezar el último acto del retiro pero aún no habían orado por mí para sanación física (la noche anterior lo habían hecho por cada uno), así que se lo recordé: “¡Vamos ahora!”. Les dije: “No soy consciente de necesitar sanación física; únicamente quizá la ansiedad -los amagos de ataque de-, aunque creo que es algo más de tipo emocional, causado por la situación que vivo”.

Oración corta pero muy intensa, sencilla pero fuerte, que me dejó muy muy relajada físicamente y con mucha paz. Como yo no me movía: “Te dejamos con el Señor”. Asentí y me quedé allí inmóvil un ratito más disfrutando de esa presencia y acción especial del Señor.

Este retiro fue un gran paso del Señor por mi vida. Había llegado hecha añicos, sin fuerzas para continuar, pero EL SEÑOR ME PUSO EN PIE. ¡EL LO HIZO!. Y además curó mi ansiedad y desde entonces no he necesitado tomar “lexatin”.  ¡A El la gloria por siempre!.

  1. Retiro Eucarístico de Intercesión (Villa San Pablo, Madrid, 30 enero a 1 febrero 2015)

“SOPLÓ SOBRE LAS ASCUAS”

(Entre estos dos retiros, en enero de 2015 asistí al Curso “Sáname, Señor”, al que me había apuntado creyendo que se trataba de un curso de formación pero en realidad me encontré en un retiro de sanación; ahí el Señor sanó una raíz muy amarga de mi herida: mi recelo y reticencia a la hora de perdonar y volver a acoger a alguien muy cercano que me había hecho muchísimo daño).

Desde el principio, tuve la intuición de que este segundo retiro con Misión MAS iba a ser como una especie de segunda parte del de junio-2014. ¡Y así fue!. “Retiro eucarístico de sanación”, ahora “… de intercesión”. No en vano los nombres.

Buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón”, era una de las antífonas del Oficio de Lecturas del día que quedó resonándome por dentro: llegué al retiro en esta actitud y auténtica necesidad. Estoy convencida de que mi reconstrucción interior llevará su tiempo y se irá haciendo progresivamente, a base de diferentes “momentos” como éstos y me preguntaba qué me tendría preparado el Señor, qué área cogería esta vez para sanar y hacer revivir en mí. Al llegar recordé aquella Palabra recibida en el de junio-2014: En tu aparente fracaso confía y espera. Renueva hoy tu fe en mi presencia contigo y tu confianza en que yo lo hago todo nuevo…”. El Señor tiene que seguir trabajándome mucho hasta hacer de mí una vasija nueva, pensé. Ese “todo” y “nuevo” tuvo un eco especial al día siguiente.

Esa noche del viernes durante la adoración, me vino con fuerza una imagen de mí misma: A los huecos secos de la parábola (Ez 37.1-14) les han crecido nervios y carne pero aún les falta el aliento, el soplo de vida. ¡Lo mismo pasa conmigo!. Y así me presenté ante El en ese momento: como sin vida, necesitada de ese soplo que haga revivir mi corazón que sigue sintiendo ese vacío y falta de ilusión tan frustrante y tan doloroso.

Al día siguiente La enseñanza sobre la intercesión, me tocó muchísimo por dentro. “Algo” se removía en mi interior, sin que supiera explicar qué; era como si estuvieran soplando sobre un rescoldo aparentemente apagado, aunque no del todo.  Algunas frases: Curar las heridas, es una prioridad…para  vivir la plenitud a la que Jesús nos invita y nos llamaAcercarnos a las heridas de los hombres y acompañar con misericordia, ser ministros de misericordia. Estamos aquí para dejarnos alcanzar,  aliviar, sanar y fortalecer por El. Confianza, seguridad, abandono total en Dios. Este es el fundamento de la intercesión…. La oración de intercesión es una forma de amor, un modo de acercarnos a las heridas del mundo2634. Es una oración de petición que nos conforma muy de cerca con la oración de Jesús. 2635. Interceder en favor de otro, es lo propio de un corazón conforme a la misericordia de DiosQuien tiene un corazón mi misericordioso empieza a ver el mundo como Dios lo ve. … sale de sí mismo para ir al encuentro del otro.

Durante toda la enseñanza era como si “algo” me quemara por dentro. Cuando acabó, rápidamente me fui a la capilla, descentrada al principio pero poco a poco, suavemente, el Señor me fue llevando.

En un primer momento, en mi mente dos Palabras -dos promesas- y un único estado interior, a modo de cara y cruz de una misma moneda:

  • Me venía con fuerza el canto Jesús, tengo sed, dame de beber…y la promesa de vida abundante: “De su seno manarán manantiales… se convertirá en un surtidor (Jn, 4).
  • Pero… eso no sucede en mí, yo apenas tengo “un hilillo” de ese agua viva. Más bien diría que sobrevivo, arrastrándome y vagando entre el ruido y las sombras de la vida. Es verdad que ya no estoy tan hecha añicos pero mis huesos siguen secos (Ez 37), aún me falta el aliento de vida, renacer a la ilusión, a la alegría, a la esperanza.

En un segundo momento recordé lo de  “Buscad al Señor y revivirá vuestro corazón”, “… yo tengo capacidad para hacerlo todo nuevo” ¿Todo nuevo?. ¿Revivir?. El tema de la enseñanza había removido unas ascuas prácticamente apagadas en mi corazón. Pero al mirar  hacia atrás sólo encontraba no uno ¡dos! proyectos de vida frustrados y, por tanto con una vocación frustrada

¿El Lo hace todo nuevo?. ¿Revivir?. Como los de Emaús camino de su pueblo todo decepcionados, yo también creía que…., yo esperaba que…., pero mira, Señor: ni… , ni …, ni…. Nada entre las manos. Y empecé a llorar amargamente. Sin reprimir las lágrimas, le gritaba:  ¿Es que aquella llamada y vocación que un día me diste ¿se ha perdido por el camino?. ¡Dame vida!. ¡Cumple en mí tu promesa de vida abundante!.

Ahí quedó mi interrogante. Pero el Señor me respondió de una manera muy clara al día siguiente.

Comencé la enseñanza tan “enredada” en una tentación (una breve conversación en el desayuno me tenía tremendamente desazonada; me desestabilizó y tambaleó toda mi vida y mi vocación, hasta los cimientos) que al principio no era capaz de escuchar; tuve que hacer un profundo acto de fe en que el Señor lleva mi vida entera, mi historia, y en Él están mis raíces más profundas. Y a partir de ahí escuché:

Cada vez que vayas a misa pon algo concreto tuyo que quieres que Cristo cambie. El fin de la eucaristía no es transformar el pan y vino en el Cuerpo y Sangre del Señor, sino transformar tu vida. Si tu vida no cambia es porque no le das nada a Él para que lo transforme. Jesús es fuente de vida, fuerza de salvación. La verdadera revolución del mundo se está realizando en la eucaristía. Ser transportados  a los pies de la cruz donde se realiza la transformación.

¡Cuánta profundidad y sencillez para explicar cosas tan “sagradas”!. No soy capaz de recordar más, sólo sé que me saltaban las lágrimas y ¡cómo me ardía el corazón ante esta perspectiva de “vida eucarística”!.

Un detalle: Mientras el sacerdote explicaba lo del árbol genealógico y respondía a dudas, la persona que estaba a mi lado empezó a llorar, amargamente y con mucha congoja. No la conocía pero, sin pensármelo dos veces, me puse a orar interiormente por ella mientras trataba de consolarla con mi mano sobre su hombro. De repente me invadió un fuerte sentimiento de compasión hacia esa persona que era mi hermana aunque no la conocía. Yo también lloraba con ella y me dolía ese dolor que estaba entregando al Señor.

 Otro detalle, acabada la enseñanza, Lourdes empezó a hablar: “…tenéis creer lo que os digo y confiar en mí. No me parece bien que haya gente que se quede privada de la enorme bendición que es la intercesión, cuando aquí hay personas que pueden hacerlo; que son personas que están preparadas para ello, que es su ministerio y que lo han hecho muchas veces y pueden ayudarnos en este momento. No lo he hablado con ellas pero estoy segura que están dispuestas y que van a decir Sí.  (Por supuesto, nadie dijo “no”).

Mientras lo explicaba -yo fuí nombrada (¡pero ella no podía saber lo que se estaba cociendo en mi interior!)-,. me conmoví profundamente -¡otra vez!- al entender que en estos dos detalles estaba la respuesta del Señor a mi interrogante de la noche anterior:  ¡No, no ha quedado perdida en el camino tu vocación intercesora!. ¡El sigue llamándote, eligiéndote y usándote!. Traté de reprimir las lágrimas pero era imposible. Estas “ascuas” permanecían aún vivas en mi corazón y el Señor estaba soplando sobre ellas para encenderlas otra vez.                                       ¡Bendito sea Dios!.

 

  1. Retiro de Intercesión CON MARÍA (Villa San Pablo, Madrid, 20 a 22- noviembre 2015)

ME PUSO A SERVIR

(Tengo que decir que a lo largo del 2015, también ha habido otros “momentos” de paso del Señor restaurándome, de los que no voy a hablar; sólo mencionar dos en octubre que empalman directamente con lo vivido aquí: a) Curso Jeremías –“otro corazón y otro camino”, empezar de nuevo- y b) la Asamblea Nacional –“Haced lo que El os diga”-, muy relacionados entre ellos).

Cuando a principios de julio se me hacía una invitación para colaborar aquí en uno de los equipos de intercesión, accedí encantada. Me pareció otro paso más en este proceso. Me impresiona muchísimo cómo el Señor ha ido moviendo los hilos para realizar en mí lo que El tiene preparado: en julio yo no sabía lo que iba a vivir en agosto y en octubre, ¡pero El sí!. ¡Era El quien me empujaba por dentro a decir “Sí”!..

Cuando, pasado el verano, vi el texto con que se anunció este retiro: “María, maestra de intercesión”, en el que se nos ofrecía “… la posibilidad de acercarte a María y aprender a interceder como ella y con ella..”  “… encontrarnos con Jesús en el regazo de María…” se me confirmó aquella intuición.

Una imagen para comenzar: la del niño que entra en la cocina, donde está su mamá. Y como quiere algo que está muy alto para él y no llega, le dice: ‘mami, quiero aquello, ¿me lo alcanzas?’. Y la mamá, sonriendo, se lo alcanza y lo pone en sus manos”. Yo le pedí dos cosas a María: a) Silencio interior para poder escuchar, algo que vengo intentando ya hace tiempo y que parece estar “demasiado alto para mí”.  Y b): convertirme a Jesucristo, algo también “inalcanzable” para una que vive convertida a mí misma, vuelta sobre mí misma (en mis pensamientos, sentimientos, etc).

Y María me las alcanzó, aunque sé muy bien que esto es tarea para toda una vida. Durante todo el retiro estuve en silencio por dentro y con frecuencia sonreía interiormente al constatar una y otra vez ese hilo conductor de mi vida. Silencio y acogida, escuchar y servir, así fuí llevada  y mi corazón era como esa esponja reseca que gota a gota, suavemente y con paz, se va empapando de tanta gracia derramada.

1.- Mi re-encuentro con María. Cada una de las enseñanzas, de una riqueza y profundidad impresionantes, me llegaron hasta los tuétanos y son y seguirán siendo una fuente de la que continuar bebiendo. Si bien es cierto que María ya forma  parte de mi vida desde hace muchos años, a través de ellas fue naciendo en mí una nueva necesidad, la de acercarme a Ella de otra manera para poder caminar y crecer con Ella, dejarme hacer como Ella. María, mi Madre, no una figura de adorno que a veces uso y otras no, a veces me acerco y otras me distancio y enfrío, como ha sido hasta ahora. ¡No!. ¡Una madre para un recién nacido lo es todo!. Y yo ahora me cobijo en su regazo, de la misma manera que un niño pequeñín en su madre.

Detalle: El sábado, día de la presentación de Nuestra Señora. ¿Casualidad?. ¡No lo creo!. En lo que leí acerca del significado espiritual de esta fiesta veo reflejado mi deseo y anhelo más profundos:

“Lo más importante y lo que es necesario destacar en esta fiesta es la consagración de la Virgen al Señor.., totalmente dedicada al Señor. … dispuso silenciosamente su alma para cumplir siempre la voluntad del Señor. … En su alma un anhelo: el de pertenecer a Dios… Esta debe ser también la fiesta de todo cristiano si quiere serlo de veras: presentarse ante Dios humildemente y ponerse en sus manos para que Él disponga de su vida libremente. …. es la fiesta de la entrega voluntaria a Dios, es la fiesta de los que aspiran de verdad a renunciar a su voluntad para hacer solamente la del Señor.

¡También era mi fiesta!.… De la mano de María, renové mi consagración al Señor, con María.

En la enseñanza, desgranando cómo es la intercesión de María, se nos decía: “… Todo lo que hablamos de la Virgen podemos hablarlo de alguna manera también de nosotros… también nosotros estamos llamados a recibir la plenitud del Espíritu Santo… Y aprender de Ella y con Ella…”. Y concluyó con estas palabras que, aunque se trataba de una oración, a mí me llegaron como una llamada:

…Te damos gracias por este retiro de intercesión que nos regalas para descubrir nuestra vocación -junto con María- a llevar en el corazón las esperanzas, las angustias los anhelos, los sufrimientos, las carencias, las necesidades materiales y espirituales de todos los hombres; para llamarnos a una confianza nueva, a una esperanza nueva, a una audacia nueva; para confiar en ti, para ponernos a tu servicio, y para dejarte obrar maravillas en nuestra vida…

 2.- Mi servicio en un equipo de intercesión. ¿Otra “casualidad”?. ¡No!. ¡Ni mucho menos! Creo que todo ello entraba dentro del plan y la acción del Señor en mí en este retiro. Estuvimos durante horas haciendo intercesión en la mañana y tarde del sábado. ¡Cuánto dolor y cuántos problemas en mis hermanos!. ¡Y cuánta bendición derramada!  Intercesiones fuertes pero, como siempre, el Señor actuando, sanando, rompiendo cadenas… Palpamos la bondad y misericordia del Señor. Y después vimos los rostros cambiados y alegres. ¡Este es el paso del Señor por nuestras vidas!

  1. En mi turno de adoración nocturna, me volvió la imagen de mí misma como aquel leño cortado (verano) del que habla Job 14, 7-8: “Porque para el árbol hay esperanza: cortado, puede retoñar, y no deja de echar renuevos; aunque haya envejecido su raíz en la tierra y haya muerto en el suelo su tronco, al olor del agua rebrota, y echa follaje como planta nueva”. ¡Hay esperanza! ¿Quieres dar una Palabra que avive la esperanza de este “tallito frágil”?. ¡Sigue hablándome, Señor!
  • Al coger la biblia me topé con una postal muy sugerente: Jesús y el Abad Mena: “Jesús reposa su mano sobre el hombro de Mena, en gesto de amistad. La amistad con Jesús ha ido transformando el rostro del Abad. Sus ojos se parecen cada vez más a los de Cristo: está aprendiendo a ver la vida como El. En la otra mano, Jesús lleva el Libro de la Vida. Con la suya, el Abad bendice al pueblo. Es como si su brazo prolongara el de Jesús. Una corriente de bendición fluye del Evangelio al pueblo. La amistad del Maestro y el discípulo lo hace posible”.

Veía que, en alguna medida -¡sólo en una muy pequeña medida, claro!-, algo de esto se está dando también en mí. Y continué leyendo por donde había quedado abierta la Biblia:

  • 121: Mi auxilio viene del Señor”: Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde vendrá mi auxilio?. Mi auxilio viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No te dejará caer, tu guardián no duerme; no duerme mi sestea el guardián de Israel. El Señor es tu guardián, tu sombra protectora; no te herirá el sol durante el día, ni la luna de noche. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu vida: él guarda tus idas y venidas, ahora y por siempre”.

No sé explicar qué me sucedió con este Salmo. Sólo sé que ¡era como si el propio Jesús me lo estuviera susurrando al oído! Estas Palabras me llegaron como una especie de profecía para mí. No sé decir más. Sólo que me dejó en un profundísimo silencio interior y con una paz enorme, y la certeza absoluta de que el Señor me cuida y me protege. Como respuesta sólo pude postrarme ante El y allí me quedé allí en silencio el resto del tiempo (sin dormirme, cosa rara en mí, dado el cansancio y la hora avanzada), adorándole.

El domingo ¡otra “¿casualidad?” no programada! ¡Tampoco lo creo! Festividad de Cristo Rey.: “…Es importante.. no solo para reconocer que Cristo es Rey de cielos y tierra, sino para permitirle que Él reine en nuestra propia vida, en nuestra mente y corazón… . pensar como Cristo, querer como Cristo y sentir como Cristo, viviendo una vida de verdadera caridad y autenticidad cristiana… su reino se empieza a encarnar en nuestros corazones y … nos comprometerá a… obras concretas..”.

Todo esto enlaza directamente con lo que decía al principio de convertirme a Jesucristo. Pero eso es algo que ni sé ni puedo hacerlo sola, con María sí. ¿Me lo alcanzarás, Mami? ¡A lo largo de mi vida, claro!

Las palabras del sacerdote en la enseñanza, explicando el “¡Hágase! en María -y en nosotros-, me llegaron al  corazón y me conmovieron (hasta las lágrimas en varias ocasiones); me calaban, por un lado, a modo de bálsamo que me llenaba de esperanza y, por otro, una firme invitación: “La opción fundamental por Dios es algo dinámico, una tensión viva de amor hacia la voluntad de Dios Padre, hacia lo que a El le agrada. Es una disposición, una actitud que configura toda la vida…. “Ahora mismo, Señor, -¡ahora mismo”- Tú estás abriendo mis horizontes; ahora mismo, Señor, mi vida tiene un sentido nuevo …“Ahora empiezo a vivir…”.Os quiero invitar a que viváis el hoy. No anclaros en el pasado. Si tu pasado fue de sufrimiento, fue de decepciones, hoy Dios te está regalando un nuevo día… ¡Hoy el Señor, nos invita a no tener miedo, a darle nuestro “SI” como una opción determinante de toda nuestra vida. … todavía estoy en la hora de Dios, la que El me está permitiendo. con María, sigamos adelante “¿Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?.. ¡No estás solo!”

Salí de este retiro reconfortada, fortalecida y decidida a seguir adelante con Mi Madre. Le doy mi “¡Hágase!” al Señor“ y espero que su voluntad se cumpla en mí. Hermanos, el Señor ha hecho obras grandes en mi, ¡PROCLAMAD CONMIGO LA GRANDEZA DEL SEÑOR! ¡A EL LA GLORIA AHORA Y POR SIEMPRE!.

Retiro “María, Maestra de Intercesión”

Collage Retiro María

Villa San Pablo, Madrid  – 20 al 22 de noviembre de 2015

Ha sido un fin de semana precioso. Cuando “soñamos” este Retiro no podíamos ni llegar a imaginar lo que nos tenían reservado Jesús y María. Y a eso han contribuido en gran manera los participantes. En este caso debería decir “las”, porque sólo ha asistido un hombre. El resto todo “chicas”. Aparte, por supuesto, del P. Abel y del P. Álvaro que han estado con nosotros. Comenzábamos el viernes con la charla de Mamen Sánchez: “María guardaba todo en su corazón”. De inmediato entrábamos en el misterio profundo del corazón de María, criatura elegida desde el momento de su concepción para ser la Madre de Dios. Y desde ahí se han ido sucediendo las charlas, las Eucaristías, Horas Santas, Adoraciones, Oraciones de intercesión, Confesiones, etc.. Todo en un ambiente de silencio, de recogimiento, de mucha unción. El P. Álvaro, habló por la mañana del sábado sobre la frase “Haced lo que Él os diga”. Por la tarde, María Jesús Casares nos estuvo hablando de “He aquí la esclava del Señor” y el P. Abel ponía el broche el domingo con “Hágase en mí según tu palabra”. A cual mejor. Como decía una persona, “nunca me habían hablado así de María”. No podemos más que entonar nuestro Magnificat proclamando la grandeza del Señor con nosotros.

Y ahora os dejamos con testimonios que han ido escribiendo algunos de los participantes. Antes, queremos dar las gracias a todos los que han hecho posible tanta maravilla. ¡Gracias, Jesús! ¡Gracias, Mamá María!

“Te doy gracias, Señor, por traerme a estos retiros que siempre calientan el corazón, nos ayudan a salir de la tibieza y de uno mismo y nos llevan a Ti, a través del Espíritu Santo y de Nuestra Mamaíta”.

“Cada retiro, cada invitación, cada momento de vivencia o reflexión con Misión MAS, está suponiendo en mi vida espiritual, no un simple escalón, sino un salto inmenso en el crecimiento de mi camino hacia el encuentro con el Señor: el Espíritu Santo me va “recolocando” en ese camino, en el cual algunas veces me pierdo o me tuerzo. Me da “empujones” con sus Alas y me endereza. Doy gracias a Dios por tanto bien como recibo en cada uno de estos encuentros… doy gracias a Dios por tanto como aprendo…. doy gracias a Dios por las gracias recibidas… y doy gracias a Dios por todas las personas maravillosas que con sus testimonios y con su compañía aumentan y enriquecen todo lo dicho. Gracias, en especial, a María Madre del Señor y Madre Nuestra, que se ha hecho muy presente con su Intercesión en este bendito retiro… Gracias Madre!!!”

“Señor, me llamabas sí o sí a venir al retiro de MARÍA MAESTRA DE INTERCESIÓN. ¡¡Qué mal me venía a última hora venir al retiro!! Salir de mi casa, tener que desplazarme a Carabanchel. Y ahora, Señor, cuantas bendiciones, cuantas gracias has derramado sobre mí. ¡¡Qué enseñanzas de MARÍA!! Cómo las necesitaba, cómo necesitaba sentir cerca la presencia intercesora de MARÍA en mi vida. ¡GRACIAS VIRGEN SANTA! ¡¡GRACIAS, SEÑOR!!

“En este lugar precioso, he reencontrado mi paz interior, maltrecha que estaba, hoy está sanada gracias a la Sma. Virgen y su Bendito Hijo, el Señor. Aquí sólo hay AMOR, ese amor que es generoso, que quieres ser capaz de transmitirlo. Espero saber hacerlo. Deseo a todos encuentren esa maravillosa Paz que ayuda a enfrentarse a todo. Me llevo en el corazón y mi alma todas las bendiciones que he recibido con el deseo que aquellos que necesiten ayuda siempre la encontrarán en el Santísimo y su amantísima Madre. GRACIAS.”

“Gracias, Padre, gracias Madre, gracias amigos, por acompañarme en un momento de debilidad. Al salir del hospital y llegar aquí, me sentí cuidada, mimada. Es gozoso saber que oran por ti y se preocupan. Me llevo vuestras alegría y penas expresadas en intercesión; contad con mi oración por cada una de vuestras lágrimas. Que el Señor y María nos sigan acompañando cada día!!!”

“Proclama mi alma la Grandeza que el Sr. ha hecho en mí en este Retiro, sanando, curando heridas, vendando los miembros desgarrados. Bálsamo, perfue al alma, Encanto al corazón. Gracias, Papito Dios, Gracias mi Amado Esposo Jesús, Gracias mi mamita Querida. Que voy a temer si tú estás siempre a mi lado. Yo pequeñita y muy agarradita a tu manita. Gracias por tu Palabra de Conocimiento Is 49, 1-7. Nada merezco. Deudora de todo. Agradecida. Me siento muy, muy, muy Amada. Gracias.”

“Gracias, Señor, por haberme traído a este retiro de intercesión para conocer más hondamente a tu Madre. Cada vez que profundizo en su poderosa intercesión y en su amorosa solicitud por cada uno de sus hijos, se enamora más mi corazón de Ella. Bendito seas, oh Dios, por habernos regalado el tesoro inestimable de María. Que nos parezcamos a la Virgen, ya que es nuestra verdadera Madre. Gracias porque en la Eucaristía está Ella presente como corredentora y siempre nos lleva a Ti”.

“Gracias, María por estos días. María maestra del silencio y la humildad contagiame de tus virtudes. No permitas que me separe de ti. Gracias por todas las personas que he conocido en el retiro, por las hermanas intercesoras, por los sacerdotes que nos han acompañado. Te alabo y te doy gracias por cada uno de ellos. María, llévame a Jesús. Jesús llévame a María. Amén. ¡Gloria a Dios!”

“Os animo a seguir organizando retiros de este tipo. Los frutos son palpables. Y, sobre todo, porque creo que suavemente van llevando a quienes participamos de ellos a abrir el corazón a la acción de Dios en “mi” vida, nos llevan a “ponerme” yo, en soledad ante Él. ¡Cuánto sufrimiento en cada corazón! ¡Cuánta bendición derramada por Él! ¡GRACIAS! Que Él os bendiga a cada paso del camino.”

“El Señor me llama. Vengo. Oro. Adoro. Escucho y espero. El Amor tiene de su mano la Esperanza en Jesús. María, nuestra Madre ¡Ayúdame que yo sola no sé si podré!”

“Proclama mi Alma la Grandeza del Amor del Señor en mi vida y Amado Esposo, compañero amigo. Del custodio y guardián de mi Espíritu, secretos y silencios. Gozándome en Dios mi Redentor y en María mi mamita, mi salvadora y dueña de mi corazón. Porque se compadece y llora mis extravíos, miserias, flaquezas. Porque me ama con tierno Amor y me lleva a los ríos de la Gracia. Porque se alegra y regocija conmigo. Porque me despoja de todo los superfluo y me lleva en su corazón. Porque me alumbra cuando tuerzo el sendero. Porque me muestra el sendero angosto y pedregoso y me lleva de la manita como su pequeñita. Porque me enseña a ser discípula y media ante Papito Dios lo que voy necesitando instante tras instante. Porque se hace uno conmigo en el Silencio. Porque comparte gozos y lágrimas. Por cada Beso, Caricia, Abrazo, Palabra, Silencio Compartido, por su Presencia Constante, Gracias Mamita Querida, Eternamente Agradecida. Tu pequeñita e Hijita”. 

“Mi Magnificat. Gloria al Señor por estos días. Gloria al Señor por tanta gracia recibida. Gloria al Señor por sus abrazos, por sus caricias… por su Amor. Estaba seca y me has llenado. Estaba triste y me has consolado. Estaba confusa y me has orientado. Y en cada una de estas gracias, a tu Madre me has dado. A tu Madre me regresas para no soltarle la mano, y que sea cual espejo en el que me halle contemplando su alegría, su humildad, su silencio, su bondad… y no pare de imitarlos. Gracias, Señor, porque a través de María, ¡llena de gracia me has dejado!”

“Me has llamado. Te he escuchado. Me has mirado. Te he mirado. Y mi alma se eleva a Ti en un profundo canto de júbilo. En mi pequeñez, en mi nada, me has hecho sentirme amada, como nunca jamás lo había sentido. Lo imposible has hecho posible. La mal amada se siente bien amada. El luto es danza. La pobreza, riqueza. El llanto, risa infinita. La oscuridad se ha vuelto luz. Exulto de gozo en Ti, por Ti, contigo. Quiero cantar Tus maravillas en mi vida. Gritar, saltar, bailar, porque el Rey me ha convertido en reina”. 

Collage María 2015

 

 

 

Retiro Carismático Contemplativo en Ávila

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Casa La Milagrosa (Ávila). 25-26 de abril de 2015

Allá que nos fuimos para estar un fin de semana con Santa Teresa de la mano del P. Adrián Santarelli. El lema del Retiro era: “Sólo Dios basta”, y creo que eso es lo que nos llevamos todos en el corazón.

Ya hemos empezado a recibir las primeras impresiones y las queremos compartir para que sirvan como testimonio de lo vivido en estos días. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible. ¡Juntos somos MAS!

“Nos pediste que te enviásemos testimonios sobre nuestra experiencia en el retiro de Ávila; aquí está el mío: Yo llevo tiempo preguntándole al Señor, ¿Qué quieres de mí?, y curiosamente esa misma pregunta le hacía Santa Teresa, yo lo desconocía, y después de este retiro no puedo decir que haya obtenido la respuesta concreta, pero he descubierto que el objetivo, mi objetivo es conseguir alcanzar la confianza absoluta en Él, ser uno con Él, y cuando lo consiga, ya no seré yo quien actúe, será Él quien haga lo que quiera de mi vida, porque mi voluntad será suya, pero para eso tiene que desvanecerse mi “yo”, y eso no creo que pueda ocurrir de hoy para mañana. Mientras tanto las claves de mi vida han de ser verdad con humildad, amor y oración, y muchas, muchas dosis de paciencia, porque “la paciencia todo lo alcanza”. Últimamente yo estaba siendo muy pesada, y exigente, pidiendo señales y pidiendo respuestas, pero “ya, rápido rápido” y Él ha utilizado a mi queridísima amiga Rosanna para conducirme a este retiro estupendo con personas estupendas a las que yo no conocía, y me ha dado respuestas, no las que yo quería, pero sí las que necesitaba, y Él ha querido para mí.
Sólo me queda dar muchísimas gracias a Dios, y también a ti Lourdes,  porque todo ha estado muy bien organizado y no ha faltado un detalle, no tengo ni un sólo “pero”. Todo, todo genial”.

Testimonios del Retiro Eucarístico de Intercesión

Collage Retiro

En “Villa San Pablo” (Madrid)  30, 31 de enero – 1 de febrero de 2015

Podemos volver a afirmar con convicción las palabras del Salmo 125: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”. Ha sido un fin de semana intenso, de mucho silencio y recogimiento. El Señor ha pasado sanando, restableciendo, transformando, liberando. Desde aquí gracias a todos los que lo habéis hecho posible, con vuestra oración, y sobre todo con vuestra participación. Poco a poco nos van llegando por escrito algunos testimonios que queremos compartir con todos vosotros. Yo, como organizadora, sólo puedo decir “misión cumplida”. (Lourdes M.White)

En el “Libro de la Vida” que pusimos para que quien quisiera escribiera podemos leer:

Gracias, Señor, gracias a todos.  Este retiro es un premio inesperado: la maravilla de volver a poner cara a la bondad gratuita, sonrisas amables, abiertas, miradas sinceras, que no esperan nada a cambio mientras regalan Amor. ¡Cuán olvidado tenía la Paz y el calor que eso brinda a quien lo recibe y el bienestar que ofrece cuando te sientes capaz de nuevo de hablar directamente desde el alma, sin protección ni escudos! ¡Gracias! Es una Fábrica de Esperanza.

Nos escribe una hermana un correo-e:

Gracias por haber organizado este retiro. ¡Poder tener al Señor tantas horas…!
Qué privilegiados hemos sido, y cuando sales y vuelves al otro ritmo, mayor me parece el privilegio.
El padre Álvaro nos pedía testimonio breve. El mío es éste, dar gracias a Dios por haberse puesto a mi disposición tantas horas en cuerpo y sangre, divinidad y alma. Yo mirándole, Él amándome. Me pide mi tiempo, y ÉL me lo facilita.
¡Gloria a Dios! Qué delicadeza.

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Mari Pepa no envía su vivencia estos días:

   A mi edad , 15 años, (si sumas 87 =15 ¡!) pues así es como me sentí todo el tiempo. Soy cátolica, Apostólica y Romana y siempre me he tenido por piadosa y, he descubierto durante el retiro que soy de lo más corrientito.  En dos días, he descubierto la aflicción, el consuelo, el orar  y meditar. El apreciar todo los que los demás dan de sí mismos sin regatear ni un ápice de su propia personalidad. Hay una entrega total en todos los asistentes. Todo ello genera una paz maravillosa.  Pido a la Virgen me ayude a conservar el espíritu con que he vuelto a casa.

 Mis preces y gracias muy especiales van a los dos sacerdotes, Álvaro y Gus,  q me han abierto un horizonte a una Iglesia, en renovación llena de Amor y Generosidad, algo de lo que no me había percatado.  Pido perdón a cuantos, sin intención, he podido molestar  o meter la pata por pura ignorancia.   Con esperanza de poder tener una nueva ocasión de disfrutar de la Paz que comunicais.  MariaPepa

Mari Carmen nos envía este testimonio:

Hola, me llamo Mari Carmen. Acabo de estar en el Retiro Eucarístico de Intercesión organizado por Misión Más. Ha sido un regalo del Señor poder estar allí. La verdad es que no buscaba nada extraordinario, sólo poder estar con el Señor. Estoy casada y tengo cuatro niños y aunque voy a Misa todos los días no es fácil encontrar el tiempo para estar tranquila rezando delante del Santísimo. La verdad es que he ido de gracia en gracia y de sorpresa en sorpresa. He visto cómo el Señor tomaba en sus manos los sufrimientos y pruebas de cada uno para transformarlos. A veces los cristianos tenemos miedo de lo extraordinario. Pero estando el Señor presente en la Eucaristía y siendo el mismo que pasaba por Galilea sanando los corazones, perdonando los pecados y curando a los enfermos, lo raro sería que no hubiera estos regalos de su amor. Se ha hablado mucho de lo importante de rezar unos por otros, de presentar nuestras vidas en el Altar para que puedan ser transformadas por Jesucristo Sacerdote. Los testimonios finales fueron maravillosos. Y si me tengo que quedar con algo, me quedo con la bendición con el Santísimo Sacramento el viernes por la noche. Impresionante porque el padre fue banco por banco dándonos la bendición a cada uno. Imposible no llorar de ver la misericordia del Señor con nosotros. Y una frase de Santa Teresa: “Tanto se obtiene de Dios cuanto de Él se espera”. Es decir, cuanto más esperemos y más fe tengamos más obtendremos. Sólo hay que pedirlo.
Enhorabuena a Lourdes por la organización y la acogida que han sido estupendas y a los sacerdotes que nos han transmitido la misericordia y el amor palpable de Cristo y de su Santísima Madre.

Ursula Krieger, fundadora del Fuego de Ars en Italia, nos envía este testimonio del Retiro:

¿Cómo resumir en pocas palabras lo que viví en este retiro? Ya el mero hecho de que Misión MAS me hubiese invitado a hablar del Fuego de Ars había sido un regalo increíble e iba por lo tanto con el corazón rebosante de expectativa. Llevo muchos años tratando de sensibilizar a las personas que encuentro de lo importante que es interceder por los sacerdotes y esta era una excelente oportunidad para dar a conocer nuestra iniciativa en España. Fue por lo tanto una sorpresa descubrir que otros participantes compartían mi vocación y me conmovió ver el entusiasmo y la dedicación de las madrinas del Fuego de Ars que se habían inscrito en el retiro.

Luego, el hecho de poder pasar todo el tiempo que quisiéramos delante del Santísimo… ¡Cuánta gracia! Yo soy una amante de la adoración eucarística y poder permanecer tantas horas en adoración fue un regalo extraordinario. Llevaba además una lista larguísima de personas que me habían pedido oraciones y mientras las copiaba de todos los papelitos que tenía regados en mi bolso, las iba poniendo mentalmente una por una a los pies de Jesús. Así, cada vez que miraba la canastita en donde pusimos todas nuestras intenciones me acordaba del uno o del otro amigo y lo encomendaba.

Personalmente, me llevo el recuerdo de tantas miradas, de tantos encuentros con personas sedientas del amor de Dios y al mismo tiempo enamoradas de Dios. Me llevo la imagen de dos sacerdotes, el padre Álvaro y el padre Gus, en cuyos ojos lograbas entrever el amor misericordioso de Jesús. Me llevo la sonrisa de los numerosos sacerdotes que vinieron a confesar. Me llevo el recuerdo de Fina, quien con su oración sostenía incansablemente al padre Gus. Me llevo en el corazón a Encarnación, la persona por quien me tocó en suerte orar. Me llevo los testimonios de tantos participantes tocados por el amor de Dios y guardo con amor las lágrimas de Vicente.

Mis agradecimientos van a Lourdes y a Cordelia por la excelente organización y por el amor y la dedicación que le pusieron a este retiro.

Unidos en Cristo por María

 

Testimonio del Retiro Eucarístico de Sanación

Cubas de la Sagra, 13-15 de junio de 2014 – con el P. Álvaro Cárdenas y el P. Agustín Giménez

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Del 13 al 15 de junio, fue un fin de semana de enorme bendición para mí. Salí muy distinta a como había llegado y en otro tono interior que aún conservo. He dejado pasar estos meses antes de contar el derroche de gracia recibida allí, precisamente para constatar que no ha sido puro sentimentalismo sino realmente una acción de Dios bien clara, tanto a nivel interior como físico: el Señor curó mi ansiedad y desde entones no he necesitado tomar “Lexatin”.

Desde que supe del retiro, me sentí tremendamente atraída por el lema  “VENID A MÍ” (Lc 11, 28-30), deseo que se convirtió en llamada cuando busqué la cita y leí: los que estáis cansados y agobiados (¡así estaba yo”) y yo os aliviaré” … y encontraréis descanso” .

Me animé a responder a esa llamada, porque estaba completamente sin fuerzas y con auténtica necesidad de descansar con y en el Señor, de relajar mi atormentado espíritu, de “refrescar” en El mi corazón seco y agostado. Llegaba a Cubas cansada y agobiada… con un montón de interrogantes y de sentimientos encontrados…

Al entrar en aquella sala, lo primero que vi (antes incluso que a las personas) fue un cuadro enorme del Sagrado Corazón de Jesús que con sus Manos extendidas invitaba a acercarse a El. En aquél instante su mirada me caló hasta los tuétanos y tuve que contener las lágrimas. No pude dejar de mirar ese cuadro, aunque tengo que reconocer que en aquel primer momento fui incapaz de sostener Su Mirada, porque no quería llorar. Pasé el finde “atraída” por esa Mirada y esas Manos extendidas hacia mí; una mirada penetrante pero llena de ternura y de misericordia, que no dejó de posarse sobre mí y me acompañó durante todo el fin de semana (el cuadro presidía cada acto, ya fuera en la capilla o en la sala).

De aquel primer momento me impactó la sinceridad y apertura de la gente: no fue la típica presentación “externa” sino desde el corazón, contando el dolor y la dificultad con que cada uno llegaba al retiro. “Presentarnos para conocernos y empezar a querernos. Y también para orar unos por los otros durante todo el retiro”, se nos dijo. “¡Dios mío, cuánto sufrimiento! ¡Con cuánta carga íbamos todos!”, pensé.

Palabras claves de la motivación de ese fin de semana: Retiro = apartarse del mundo, buscar la soledad. Eucarístico = en la presencia de Jesús eucaristía. De Sanación: para dejarnos mirar y sanar por El.

Pues eso se hizo realidad no sólo en mí, creo, sino en todos, a juzgar por los testimonios al final de este encuentro. Cada enseñanza, cada oración, los cantos, la acogida…., un montón de pequeños y grandes detalles a través de los cuales se fue creando un clima muy muy especial -al menos a mí así me lo pareció-, en el que el Señor fue paso a paso haciendo su obra en nosotros.

Yo empecé el sábado igual que el viernes: conteniendo las lágrimas cada vez que miraba al cuadro, que era continuamente, pues no podía dejar de mirarlo. ¡Es que no podía apartar de él mi mirada!

De Laudes, dos detalles me tocaron por dentro, anuncio de lo que el Señor quería hacer en mí, es decir, sacarme de esa “soledad poblada de aullidos” en que me encontraba y llevarme a “su descanso”:

  • Invitatorio: Escuchemos la voz del Señor y entremos en su descanso.
  • Cántico: Dt 32, 1-12: Lo encontró en una tierra desierta, en una soledad poblada de aullidos: lo rodeó cuidando de él, lo guardó como a las niñas de sus ojos. Como el águila incita a su nidada, revolando sobre los polluelos, así extendió sus alas, los tomó y los llevó sobre sus plumas. El Señor solo los condujo, no hubo dioses extraños con él. (.

Aunque los temas de las enseñanzas no eran nuevos para mí, me gustó mucho la manera sencilla y a la vez clara y profunda de explicar de los sacerdotes. Esa mañana me quedó resonando y me interpeló profundamente: “la pregunta esta mañana es: ¿Estamos convencidos de que El nos quiere sanar y liberar esta tarde?”

La tarde del sábado me resultó especialmente intensa. Dedicada toda ella a intercesión y confesiones, nos invitaron a que todos acudiéramos a las dos cosas. Mientras, el Santísimo expuesto, e insistieron en que permaneciéramos ante el Señor y orando los unos por los otros.

Por supuesto, me apunté, pero había tanta gente por delante que pensé que no me iba a tocar ni lo uno ni lo otro. “Bueno. Me pondré ante el Señor expuesto y que El haga lo que le dé la gana en mí”. ¡Y vaya si lo hizo!

Des-ahogar mi corazón, fue lo primero. Con los dos primeros cantos se me abrió el grifo de las lágrimas, que ya no reprimí, me dejé llevar. Era como la invitación que se me hacía y la respuesta de mi corazón:

  • Una invitación: Manos vacías, eso es lo que espera en mí. El me ha mandado dejarlo todo a sus pies, hasta que no tenga nada en mi poder, para que pueda llenar mi vida hasta rebosar.
  • Y mi grito: Cansado del camino vengo a ti. Un desierto he cruzado, sin fuerzas he quedado, vengo a ti. Luché como soldado y a veces sufrí, mi armadura he desgastado sin fuerzas he quedado, vengo a ti. Sumérgeme, en el río de tu Espíritu. Necesito refrescar este seco corazón, sediento de ti.

Lloraba y lloraba y lloraba. ¡Ahora sí sostenía su Mirada y… me dejaba mirar!. Me calmaba un poco, abría los ojos y al mirar al cuadro ¡vuelta a empezar!. Como un grifo. Hacía mucho que no lloraba de esta manera, aunque últimamente he llorado con mucha frecuencia. “Al agua que brota del Costado abierto se une el agua de nuestras lágrimas, “vivimos en un valle de lágrimas” un verdadero clamor, que Dios escucha gratamente, porque El es un Dios de clemencia. Las lágrimas, sean de alegría, sean de dolor, son un don del Espíritu Santo”.

¡Pues eso, un don! Vacié mi corazón y derramé todo mi dolor ante El: “Así estoy, así vengo a Ti: rota y sin fuerzas para volverme a poner en pie. Mi vida entera es un fracaso, estoy llena de frustración, decepción, oscuridad, angustia, miedo, ansiedad…“Señor, tu vasija se ha roto. Mi vela está apagada. Sálvame. Sáname y restáurame. Recógeme y rehaz mi vida”.

Así permanecí como un par de horas. Cuando por fin me pude calmar, pedí al Señor su Palabra. La transcribo tal como la leí:

Mt 9,  9-12: Vocación de Mateo: Jesús les dijo: No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. Entended lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios; yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.

Vio a Mateo, sentado en la oficina de impuesto, y le dijo: Sígueme. El Se levantó y lo siguió….

Así me reconocí en aquel momento ante El: enferma y necesitada de su misericordia.

Y estando así escuché también su llamada a seguirle, en mis circunstancias actuales.

De pronto -para mi sorpresa-, me llamaron para intercesión. Hacer intercesión ante el Santísimo expuesto es algo que siempre me conmueve profundamente; ¡que la hagan por mí más todavía!; ¡y encima así, cerquita de la custodia, bien cerquita! ¡Qué regalazo!

En el altar, a un lado de la custodia, una imagen de María de rodillas y con un niño en brazos: “María me presenta a Jesús”, pensé.

Y al mirar la vela encendida, al otro lado de la custodia, se me vino a la mente una palabra profética que permanece muy viva en mi corazón desde 1977: “Arded dando luz y calor. Y si sucediera que vuestra vela se apaga, Yo estoy aquí para volver a encenderla”. Le pedí en silencio que me volviera a encender.

Les expliqué cómo estoy y la situación que vivo. El sacerdote me dijo: “Conocemos la capacidad que tiene el Señor para hacerlo todo nuevo. Vamos a pedírselo para ti”. Oraron intensamente y tras un pequeño silencio empezó a hablar en primera persona:

“Yo te recojo. Y tomo tu vida hecha añicos, cada uno de esos pequeños trozos en que has quedado rota.

Como el fuego que lo purifica todo… (Ez, 24 La olla llena herrumbre puesta al fuego).

De la misma manera que el grano no da fruto si no cae en tierra y muere, así tu muerte  dará mucho fruto en las vidas de otros….

En tu aparente fracaso confía y espera. Renueva hoy tu fe en mi presencia contigo y tu confianza en que yo lo hago todo nuevo…”

Dijo muchas más cosas, pero soy incapaz de recordarlo todo. Sólo sé que cada una de aquellas palabras era como un bálsamo para mi corazón.

Volvieron las lágrimas pero ahora de alegría y una gran paz y serenidad fueron poco a poco inundando todo mi ser, a medida que escuchaba ¡¡las mismas Palabras que he ido recibiendo a lo largo de esta dura etapa!! Era el Señor quien me hablaba directamente al corazón, pues ellos dos no podían saber esto.

Cuando acabaron permanecimos ahí, en silencio, un par de minutos o así, no sé exactamente. Me costaba mucho levantarme. El Señor me había recogido y me sentía en Sus Brazos. No quería irme de ahí pero ellos tenían que seguir: “El Señor te espera en la capilla”. Y salí de aquella sala decidida a continuar en la capilla saboreando aquél momento de gracia.

Sin embargo, tuve que ir a confesarme. Literalmente. Me explico: en la misma puerta me dicen: “Te está buscando Paloma, te toca confesarte”. No me parecía que fuera momento, yo quería reposar ante El lo que acababa de suceder.

Dije que no y me iba a la capilla, cuando me topé de bruces con Paloma: “Te está esperando el sacerdote” y me indicó cómo ir a la sala.

Pero aquella casa era un laberinto y no encontré al sacerdote. Me dirigía de nuevo a la capilla cuando volví a toparme con ella: “Ven, que te acompaño”. “Pero ya es hora de la cena, no hay tiempo, tenemos que ser puntuales”.

Aun así me dejó a la puerta. Esperé un poco. Pero como la persona que estaba dentro se alargaba, decidí dejarlo estar y fui a la capilla para recoger mi bolso. Allí Lourdes M. White se me acercó: “¿Te has confesado? Vete. Aunque lleguéis tarde a la cena, eres la última. Vete”.

¡Ante tanta insistencia, tuve que hacerlo! ¡Estaba demasiado claro que ése era el momento! Y a través del Sacramento de Reconciliación el Señor siguió derramando su gracia y sanando mi corazón, fue como el complemento de la intercesión. Las palabras del sacerdote también me confortaron. Me impuso las manos y oró unos segundos por mí antes de darme la absolución. “Yo te absuelvo de todos tus pecados, miedos, angustia y ansiedades, en el nombre…”. Me dio el abrazo fuerte para terminar. Salí de allí con el corazón totalmente renovado y sereno. ¡Cuánta gracia derramada en este Sacramento!

Me hubiera gustado permanecer a solas y con el Señor. Pero tuvimos que ir a la cena. Y nada más cenar a la eucaristía, todo seguido.

Durante la eucaristía esa noche se hizo oración por sanación física sobre cada uno de los presentes. Sin entrar en detalles que no debo contar, en ese momento entendí algo que me pide el Señor y que desde aquel día intento obedecer con la mayor fidelidad posible. Esa oración me impresionó muchísimo.

Acabé aquel día impactada, con muchísima paz. No me apunté a ningún turno de adoración, pero sí que me fui a la capilla y en silencio por dentro permanecí ante El hasta altas horas de la madrugada, tratando de asimilar tanta gracia con la que mi corazón estaba siendo colmado y desbordado.

El domingo a las 7,30 estaba de nuevo en la capilla. Al despertarme el primer pensamiento fue: “Anoche no oraron por ti (me dio vergüenza sentarme en la silla por segunda vez). No dejes ese fleco, cierra toda rendija al Malo”. Y en el desayuno me acerqué a los que habían hecho intercesión por mí y se lo conté. Les pedí que oraran por mí no tanto porque creyera necesitar sanación física sino para sellar todas las puertas por donde podría tentarme el maligno. “Sí, claro. Buscaremos el momento”, me dijeron.

Tras la enseñanza, la eucaristía, oración por las familias: a) por los miembros difuntos y generaciones hasta la primera del mundo. b) Por los miembros que aún viven y sus descendientes.

No es la primera vez que participo en una oración de sanación intergeneracional, pero ésta fue muy especial. No sé describirlo, había un algo muy especial (en mí y en el ambiente, como luego se vió en los testimonios, último acto del retiro).

A lo largo de toda la eucaristía el sacerdote hizo oraciones especiales. En la homilía explicó el valor de la eucaristía y del sacrificio de Cristo. En el ofertorio, cada uno se acercó con su papel de árbol genealógico rellenado con todo lo que supiera sobre los miembros de su familia que pudiera ser causa de algún tipo de “atadura”. Nos acercábamos con el papel sobre nuestro pecho y, tras darle un beso, lo depositamos en las manos del sacerdote. Y él, después de recoger todos, con ellos en la mano se acercó primero al cuadro del Sagrado Corazón, luego al Sagrario y finalmente los dejó bajo la cruz sobre el altar.

En el momento de la comunión: “Este es el momento en que se cumple aquello de “quien venga a mí beba, de su seno manarán torrentes de agua viva que saltan a la eternidad”, y así podemos convertirnos en “bendición” para nuestros familiares, tanto antepasados como las generaciones actuales y futuras”.

En ese momento me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo, de arriba abajo. Yo durante toda la eucaristía “percibí” como una acción muy particular de Dios “desatando”  y “liberando” generaciones. No sentía nada especial, salvo una gran paz en mi propio corazón y el ambiente. Profundamente sobrecogida, como si estuviera siendo testigo o “tocando” y de alguna manera “participando” de algo sobrenatural pero muy real.

Pedí poder ser canal de Su gracia y “bendición” en medio de mi familia. Lo cierto es que yo no he orado nunca de esta manera ni con esta intensidad por mi familia.  No sé explicarlo de otra manera, no tengo palabras.

A punto ya de acabar el retiro, iba a empezar el último acto pero aún no habían orado por mí y se lo recordé: “¡Vamos ahora!”. Les dije:“No soy consciente de necesitar sanación física; únicamente quizá la ansiedad      -amagos de ataque de-, aunque creo que es algo más de tipo emocional, causado por la situación que vivo.

Oración corta pero muy muy intensa, sencilla pero fuerte, que me dejó muy muy relajada físicamente y con mucha paz. Tenían que empezar el compartir final pero yo me movía, así que: “Te dejamos con el Señor”. Asentí y me quedé allí inmóvil un ratito más disfrutando de esa presencia y acción especial del Señor.

Este retiro fue un gran paso del Señor por mi vida. Yo no tenía fuerzas para continuar, pero EL SEÑOR ME PUSO EN PIE. ¡EL LO HIZO! ¡A El la gloria por siempre!.

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Testimonios Retiro de Sanación Interior

con el Padre Adrián Santarelli

 

 Retiro de Sanación con Padre AdriánTESTIMONIO DE TOÑYHola yo soy Toñy Hípola, y fui al Retiro porque conozco a Lourdes desde hace muchos años, he servido con ella. En un principio, en enero le comenté que no podía ir por mi situación y por el aspecto económico, aunque finalmente cambié de opinión hablándolo con mi marido.Os diré que para que se vea la Gloria del DIOS se tiene que ver la pobreza y el pecado de la criatura, nunca he tenido problema con esto ni me he avergonzado de ello, soy testigo y lo proclamo.He de deciros que padezco de artrosis, fibromialgia y soy bipolar. Es un cóctel que hace que tenga que tomar unas 15 pastillas diarias. En el mes de noviembre me desestabilicé y estuve hipomaníaca, la medicación no me mantenía estable. Me tuvieron que dar una medicación muy fuerte para bajar mi estado  porque si no me tenían que ingresar en el Hospital Psiquiátrico. Fue como una montaña rusa, de repente estaba en lo alto y en menos de dos semanas estaba en lo más bajo, tan abajo que me llevó a una tristeza, melancolía y depresión muy graves y me tuvieron que medicar.A la vez en el mes de diciembre llego a España la famosa ciclogénesis que me dejó totalmente inválida. Estaba las 24 horas con unos dolores insoportables y ninguna medicación me hacía efecto. Mi madre estuvo ingresada 11 días y yo sólo pude verla 2 días porque mi hermana me lo prohibió, por cómo estaba yo, y el efecto que eso causaba en mi madre. En esta ocasión no tuve pensamientos suicidas, la psiquiatra en vez de verme cada dos meses, me veía cada dos semanas y de la fibromialgia no era capaz ni de ir al médico, aunque tampoco hubiera podido hacer nada.De la artrosis no me pueden tratar porque soy alérgica a la cortisona y sólo pueden darme analgésicos, y de esos ya tomo bastantes.En esta situación el ir al Retiro requería llevar una cuidadora, fue mi hermana, bendita sea, estuvo todo el retiro pendiente de mí y mis medicinas. Ella tendrá su testimonio, cuando lo quiera compartir.Llevé 5 tipos de cojines y una manta, porque el frío me produce dolor. Parecía una anciana con el bastón y toda encorvada. No tenía fuerzas para nada, me lo tenían que hacer todo.Cuando dije que iría al Retiro empecé a prepararme espiritualmente. El SEÑOR me mostró que la depresión por muchas pastillas que tomara había algo en mi pecho digamos como “una mancha de chapapote” que me impedía ser yo. Era la acedia y contra ella yo no tenía ningún recurso. Una semana antes me confesé y empecé a rezar el rosario. En 25 años de Renovación Carismática nunca lo había rezado, pero el SEÑOR en oración me lo pidió. Como iba a estar dos días fuera y un día preparando estuve tres días antes rezando dos rosarios para hacer la semana completa. Siempre me había parecido una oración de “papagayos”.Yo iba porque el SEÑOR me sanara la depresión que es el que tiene el poder, así es como se lo expresé a la psiquiatra el mismo jueves, y le dije que si me ponía bien si dejaba la medicación y ella me dijo que no que tenía que seguir dos meses más. Yo sabía que JESÚS me iba a sanar, pero los médicos son muy estrictos.

La presentación de todos me gustó mucho y escuché testimonios mucho peores que el mío pero cuando me tocó a mí sin saber por qué yo dije que me encontraba mal y que iba a por todo y que necesitaba todo lo que el SEÑOR quisiera darme, que estaba totalmente abierta a su acción porque lo necesitaba.

En la primera charla entre otras muchas cosas que nos fue explicando y que yo ya conocía acerca de las espiritualidades del mundo y la diferencia con la espiritualidad cristiana, al final habló de pasada el ocultismo y esoterismo y dijo que eso era una capítulo aparte y que no iba hablar de ello. Y así quedó la cosa.

Vimos la película rusa (La Isla) con  toda su simbología y luego nos dijo que fuésemos cada uno solo a meditar, a hablar con DIOS, a ver que nos decía en el corazón.

En ese paseo a mí JESÚS me dijo que me tenía que confesar, en una confesión de vida, del ocultismo y esoterismo. Yo de joven había pertenecido a un grupo que hacíamos esas prácticas y no voy a entrar en detalles.

Cuando volvía del paseo mi hermana tenía mi Biblia y se la pedí para ver si el SEÑOR me daba una palabra. Hacía muchísimo tiempo que no lo hacía, y aunque no os puedo decir la cita eran dos estrofas, en la primera en cursiva era una catástrofe, el sol, la luna y las estrellas todo se caería del firmamento y se produciría un caos (esto en cursiva), pero en la segunda estrofa era el triunfo del SEÑOR que venía en su carro con todas sus huestes y nos salvaba. La sensación que a mí me dejó la Palabra fue de esperanza, una gran esperanza.

Me confesé con el P. Álvaro, con imposición de manos hizo una oración de liberación, me dijo mi penitencia y un consejo, que estoy en ello. A partir de ahí adiós a la depresión, la tristeza, melancolía. Era yo, yo otra vez Toñy. Los que me conocen saben cómo soy, cómo es mi carácter de buen humor, de alegría, de fiesta, bromas. Fue inmediato. Bendito Sacramento de la Reconciliación con imposición de manos.

La noche anterior yo no pude estar en la Santa Misa ni en la Adoración Eucarística, dormí fatal, como en una tabla, me desperté a las 6’30h,  y tuve que estar en la ducha con agua caliente para que mi cuerpo reaccionara, y dándome crema para darme un masaje para lo mismo. Era el sábado y tenía que aguantar hasta la noche. Era la Santa Misa con Exposición del Santísimo y la imposición de manos.

Al mediodía mi hermana y yo, yo ya tan feliz, comentamos lo del descanso en el Espíritu, algo que es normal en la Renovación Carismática pero que particularmente yo sólo había vivido la experiencia en 25 años una sola vez, como mi hermana. Le comenté que yo estaba dispuesta a todo, y eso que me gustaría que el SEÑOR me regalara el tener el descanso.

Mientras tanto disfrutando en las comidas y las cenas con las lecturas de la vida y la oración de Santa Teresa de Jesús. Fue mi primer libro de lectura cuando tuve mi encuentro personal con JESÚS, y es mi Santa y maestra favorita.

Llegó la noche y llegó el momento. Nos pusimos en el cuarto banco por detrás, siempre para no molestar por si a mí me pasaba algo. Fueron saliendo los hermanos desde el principio en orden. Había muchos sacerdotes, y algunas personas  tuvieron descanso y otras no. Llegó nuestro turno, yo me puse delante de un sacerdote muy joven y apenas me tocó, no la cabeza sino el pelo, las piernas se me hicieron mantequilla y me fui para atrás en un descanso en el espíritu. ¡Qué maravilla! Tantos cojines todo el fin de semana, y estaba en el duro suelo como en una nube. Era consciente de todo lo que sucedía a mi alrededor, pero para no perder el tiempo, me puse a alabar al SEÑOR a decirle piropos, hasta guapo. Intentaba mover las piernas por si ya se había pasado el descanso pero no, y seguía alabando, hasta oí hablar a mi hermana que estaba esperando a que yo terminase. Finalmente moví los dedos y cuando ella lo vio entre tres personas me levantaron. Cual no sería mi sorpresa cuando vi que ya no quedaba nadie, solo una última persona, y además al darme la vuelta vi que el Santísimo estaba expuesto y todo el pasillo central vacío y yo había tenido mi descanso justo en el final del pasillo. Había estado postrada todo el tiempo bajo la mirada de JESÚS SACRAMENTADO. Una de mis mayores ilusiones, porque siempre había tenido un poco de “envidia” de los consagrados que pueden postrarse ante el SEÑOR en la intimidad de sus capillas y yo lo había tenido en el descanso.

No nos quedamos hasta el final porque mi hermana se puso muy pesada para ir a dormir y descansar por mí, pero yo tenía una marcha en el cuerpo que quería quedarme hasta el final.

Al día siguiente había dormido como un angelito, pero empecé a notar que el bastón me sobraba, que andaba más deprisa y era un impedimento más que una ayuda. Vimos el final de la película de San Francisco en su noche oscura y cuando le salen los estigmas.

Yo para entonces me notaba que algo estaba cambiando en mi cuerpo, llegaron las despedidas, las fotos, y al final salí cantando, bailando y alabando a DIOS.

Cuando volví a casa a los cuatro días tuve que hablar con la psiquiatra por el cambio en mi humor y mi actividad y dejé la medicación. El SEÑOR me había sanado de la depresión.

Llevaba casi cinco años tumbada en un sillón con la pérdida de masa muscular que ello conlleva, pues os puedo decir que aunque soy fibromiálgica me levanto todas las mañanas sin ningún dolor, ando sin bastón, subo y bajo escaleras, voy en metro, hasta me he echado alguna carrerita para no perder el autobús. En mi parroquia ya no voy con cojines para el culete y la espalda, solo para las rodillas, en la consagración, comunión y la media hora de adoración. En el grupo de oración es algo evidente y lo he dado como testimonio, cada día descubro algo nuevo que puedo hacer, todo esto a lo largo de tres semanas. De vez en cuando me duele alguna cosa, o estoy algo cansada, pero no tiene nada que ver con antaño. Soy una  persona nueva.

Me está devolviendo la memoria de las canciones, de las que me sabía hasta el 2009, las nuevas no me las sé. Pero es que no podía cantar, de los vacíos mentales que tenía por las medicaciones que me dieron cuando tuve el ataque psicótico y las dos semanas de ingreso en el Psiquiátrico.

Tengo  mi mente despejada, a pesar de las pastillas. A nivel espiritual me ha regalado la fidelidad a la Santa Misa. Desde el Retiro, voy todos los días, me ha dado diligencia. Rezo el Santo Rosario con unas ganas tremendas, meditando todos los misterios, casi no me doy cuenta y ya he llegado al siguiente, leo el texto de la Palabra de cada misterio. Lo disfruto, me siento muy unida a la Virgen María y sé que eso le pone muy contento a JESÚS.

No he  vuelto al amor primero, está en mi corazón y estará como un sello toda mi vida, pero siento que ha empezado una nueva etapa para mí con EL, más profunda, más entregada y de abandono. No sé cómo explicarlo. Lo que sí sé es que esto no ha hecho más que empezar. No le pregunto, solo me dejo y le digo “sí”.

Espero que compartáis mi alegría de ver la MISERICORDIA DE DIOS cuando un alma se acerca a EL profundamente  necesitada y confiada en su poder, he tocado el borde de su túnica y ha sido muy bueno conmigo. GLORIA AL SANTO DE LOS SANTOS.

 

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TESTIMONIO DE UNA HERMANA

Me enteré del retiro del Padre Adrián a través del Padre Álvaro Cardenas, íbamos a ir mi amigo Juan y yo, ambos estamos en el Camino Neocatecumenal  pero a raíz de ir a Medjugorje en Mayo pasado, la Virgen está abriendo un camino mayor para que conozcamos nuevas realidades de su Iglesia. Al principio Lourdes nos dijo que no teníamos plaza pero que nos ponía en lista de espera. Yo ya lo daba todo por perdido,  pero aún así me puse a buscar información del Padre Adrián por Internet. Cada vez que leía, escuchaba o veía algo me entraban más ganas de ir. Finalmente Lourdes me escribió indicando que había plaza y enseguida le hicimos la transferencia. Yo estaba súper contenta, no me podía creer que al final pudiésemos asistir, pero una vez más el Señor me sorprendió gratamente, como siempre hace.

Dos días antes empecé a leerme el Peregrino Ruso pues el sacerdote con el que me confieso asiduamente me lo aconsejó, debido a que le dije que últimamente salía de la confesión, casi igual que entraba.  Entré en el retiro, en la adoración del viernes por la noche, en Medjugorje la Virgen me regaló el don de lágrimas, y cuando el coro cantaba “ No adoréis a nadie, a nadie más que a él” me puse a pensar en la cantidad de cosas que pongo muchas veces por encima de Él, los afectos, el trabajo, el dinero….en ese momento se me empezaron a caer las lágrimas y lloraba de alegría al sentir que lo único que tenía que hacer es dejar mi vida en sus manos.

El retiro se iba desarrollando y las veces que el Padre Adrián pedía tiempo de silencio, me bajaba a la hermosa capillita que tenían las monjas y no dejaba de recitar la oración del peregrino ruso: “ Señor Jesús ten misericordia de mí, que soy un pecador”. Cada vez que rezaba la frase, me entraban más ganas de recitar la siguiente.

El sábado por la tarde, vimos la película de la Isla, y la misma empezó con esa frase. Yo sé que para un cristiano las coincidencias no existen, y me preguntaba qué quería decirme  Dios con eso.

Me gustaron mucho los testimonios de vida que dieron mis compañeros del retiro, así como las meditaciones que el Padre Adrián hacía, pero aún con todo esto Dios aún me tenía preparado un regalo inmenso.

El sábado viví la Eucarístia con profundo sentimiento, recuerdo que ni siquiera fui capaz de rezar el Padre Nuestro de lo emocionada y contenta que estaba. Empezó la adoración y el Padre Adrián aconsejó estar rezando mientras se imponían las manos.  Recuerdo que acto seguido me puse a rezar a la Virgen y también el Padre nuestro, estaba en un recogimiento total cuando de repente empecé a sentir un calor tremendo en el pecho, era una sensación increíble y al principio me asusté un poco porque no sabía lo que estaba pasando y no me daba cuenta que era el mismo fuego del Espíritu Santo que estaba entrando en mí, pero al mismo tiempo estaba tranquila porque sabía que era algo que venía de Dios. Seguía sintiendo ese calor abrasador, se movía mucho, como haciendo círculos, es muy difícil explicar la sensación con palabras, sé que es algo que experimenta el cuerpo y el alma, y también sé que es algo que no podré olvidar jamás. A continuación las personas organizadoras empezaron a ponernos en fila para dirigirnos al sacerdote que nos impondría las manos, yo estaba deseosa de ello, pero también sentía muchas ganas de seguir rezado. Llegué enfrente del sacerdote y extendí mis manos, interiormente estaba rezando la oración que llevaba rezando durante todo el retiro, el sacerdote fue a ponerme las manos en la cabeza y noté que me tambaleaba, él hizo otro intento de llevar de nuevo sus manos hacia mi cabeza, pero justo cuando dije de nuevo “ Señor Jesús ten misericordia de mi…” me caí, no sé como sucedió mi caída en el Espíritu porque lo siguiente que recuerdo es que ya estaba tumbada en el suelo, sentía una paz impresionante, de fondo escuchaba al coro cantar y al Padre Adrián hablar en lenguas. Era incapaz de abrir los ojos, así de inmensa era la Paz que sentía. No sé el tiempo que estuve en el suelo, pero en un momento dado noté que alguien me tocaba la mano, abrí los ojos y reconocí al sacerdote que me impuso las manos, y me preguntó si respiraba bien, le dije que si, y me dijo que me levantara, he de “confesar” que me molestó un poco el tener que hacerlo, porque allí se estaba como en el cielo, pero me puse de pie y fui a sentarme en el mismo sitio donde estuve siguiendo toda la celebración.

Por la noche, cuando me disponía a rezar antes de dormir, seguí sintiendo ese calor del que hemos hablado pero de una forma más liviana y suave.  El día siguiente lo viví con una alegría inmensa en el corazón, me encantó la misa y los testimonios que se dieron durante la comida.

Estaba algo preocupada y le pregunté al Padre Adrián que había que hacer para que el Espíritu Santo no se fuera, el muy contundente me dijo NO SE VA A IR, y su respuesta me hizo estar tranquila de nuevo. Y cuánta razón tenía, porque los días posteriores al retiro he seguido notando ese calor, día tras día, eso sí de una manera más suave, aparece cada vez que rezo, cada vez que asisto a misa, comulgo, hablo de Dios con mis amigos o estoy con mis hermanos de Comunidad en alguna celebración. También lo siento cuando estoy haciendo otras cosas. Otra sensación que se ha manifestado es que siento un cosquilleo por diferentes partes del cuerpo, en los pies, en la cabeza, en las manos….es algo maravilloso, como pequeñas caricias, algo parecido a como cuando se te queda dormida una parte del cuerpo, pero mucho más bonito. El lunes siguiente al retiro me metí en la cama, no sin antes empezar a leer el libro sobre la imposición de manos que compré en el retiro. Yo suelo dormir muy bien, pero esa noche me desperté, miré el reloj y eran las tres de la mañana, inmediatamente cogí el rosario y me puse a rezar, recuerdo que lo recé entero y cuando iba a empezar de nuevo me quedé dormida. Para mi sorpresa volví a despertarme, esta vez a las 6  (vaya horas pensé yo….ya que el número 6 es el que simboliza al demonio). De nuevo me puse a rezar el rosario y cogí de nuevo el sueño cuando eran ya cerca de las 8. A la mañana siguiente, noté un cosquilleo fuertísimo en mi pie izquierdo que duró bastante tiempo. En ese pie yo tenía una afacia plantar de una antigua lesión que me hice jugando al tenis, y al acabar ese cosquilleo, sentí que mi pie era otro pie.

Creo que aún no he asimilado todo lo que me está pasando, sólo sé que estoy feliz, que tengo la certeza de que Dios existe, que vive en nuestro corazones, que he recibido una gracia enorme que no merezco y me pregunto como Dios se ha fijado en mi haciéndome este regalo tan grande, a mi…yo que me siento tan pequeñita ante Él, tan pecadora y tan poca cosa.

Qué grande es Dios y cuanto nos quiere.

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