SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS – DÍA 7

REFLEXIONES BÍBLICAS Y ORACIONES*

 

* Las reflexiones y oraciones este año han sido preparadas por las Iglesias cristianas de Indonesia.

Día 7

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¡Grande es tu fe, mujer! (Mateo 15, 28)

Textos

Ana oraba para sí; se movían sus labios, pero no se oía su voz, y Elí creyó que estaba ebria, y le dijo: «¿Hasta cuándo va a durar tu embriaguez? ¡Echa el vino que llevas!» Pero Ana le respondió: «No, señor; soy una mujer acongojada; no he bebido vino ni cosa embriagante, sino que desahogo mi alma ante Yahveh. No juzgues a tu sierva como una mala mujer; hasta ahora sólo por pena y pesadumbre he hablado.» Elí le respondió: «Vete en paz y que el Dios de Israel te conceda lo que le has pedido.»” (1 Samuel 1, 13-17)

Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.» Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.» Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.» Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!» El respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.» «Sí, Señor – repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.» .Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.” (Mateo 15, 21-28)

Reflexión

Elí juzga mal la oración profunda y ferviente de Ana y la desprecia, desechando sus súplicas como palabras de una borracha. Sin embargo, su reacción pidiéndole que no la rechace como una «desvergonzada» suaviza su corazón y al final la despide con una bendición. Del mismo modo, cuando la mujer cananea vino a su encuentro para suplicar que curara a su hija, Jesús al principio la rechazó, afirmando que había venido solo para su propio pueblo. Sin embargo, ella siguió insistiendo con su súplica y atrevimiento y, finalmente, reconociendo su gran fe, Jesús le concedió lo que pedía. En ambos casos, una
mujer que inicialmente es marginada y juzgada indigna de recibir atención, se convierte en una que habla proféticamente palabras que suavizan los corazones y traen sanación y plenitud.

La marginación y el rechazo de las voces de las mujeres siguen estando presentes en nuestro tiempo. Incluso dentro de nuestras Iglesias con frecuencia somos cómplices de culturas que devalúan a la mujer. En la medida en que los cristianos se hacen conscientes de sus fracasos en este ámbito, se dan también más cuenta del horror que supone la violencia contra las mujeres y los niños, arrebatados a la fuerza de sus casas y víctimas del tráfico de seres humanos.

Estos y otros trabajadores migrantes son tratados frecuentemente como menos que humanos y se les niegan los derechos humanos más básicos. En los últimos años las Iglesias de Indonesia han tomado acción común contra el tráfico de seres humanos y el abuso sexual infantil. Estos esfuerzos y los de las personas de otras confesiones son cada vez más urgentes, ya que el número de las víctimas en algunas partes del país crece diariamente.

Cuando los cristianos se unen en oración y en el estudio de las Escrituras y escuchan verdaderamente la voz de Dios, descubren que Dios también habla hoy a través de los gritos de los más maltratados en nuestra sociedad. Al escuchar juntos la llamada de Dios, se sienten llamados a unirse en una acción común contra el flagelo de la trata de personas y otros males presentes en nuestro mundo.

Oración

Dios clemente,
eres la fuente de la dignidad humana.
Por tu gracia y tu poder
las palabras de Ana cambiaron el corazón del sacerdote Eli;
por tu gracia y tu poder
las palabras de la mujer cananea movieron a Jesús a curar a su hija.
Al intentar manifestar la unidad de tu Iglesia,
danos el valor para rechazar toda forma de violencia contra las mujeres
y para celebrar los dones del Espíritu
que las mujeres aportan al servicio de la Iglesia.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor,
que vive y reina contigo y el Espíritu Santo,
un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

Fuente: Conferencia episcopal española

 

 

 

 

 

 

 

 

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