El eco de Su voz: Infancia, pubertad y juventud de Jesús de Nazaret

San Lucas relata el nacimiento de Jesús de Nazaret en el capítulo dos de su Evangelio, diciendo: “José subió de la ciudad de Nazaret en Galilea a Belén de Judea con María, su esposa, que estaba encinta, para empadronarse por ser de la casa y familia del rey David. Estando allí dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre por no haber sitio para ellos en el mesón.

Unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno sus rebaños, avisados por un ángel del Señor de que había nacido un Salvador, Cristo, el Señor, y oyendo una multitud del ejército celestial que cantaba, gloria a Dios en los cielos y paz a los hombres de buena voluntad, fueron a toda prisa al establo y encuentran a María, José y al niño acostado en el pesebre”.

A los ocho dias de su nacimiento, sus padres le circuncidan y le imponen el nombre de Jesús según les había indicado el ángel que significa “Yahvé es ayuda”. A los cuarenta días de la purificación de María, suben al Templo de Jerusalén para  presentar el niño como: “Varón primogénito consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, según la Ley Mosaica”.

Entonces, en Jerusalén había dos personas ancianas, Simeón y Ana, que frecuentaban diariamente el Templo. Simeón al ver al niño Jesús exclama: “Ahora, Señor, puedes según tu palabra dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto la salvación, la que has preparado, a la vista de todos, para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel”. Así mismo, Ana, viuda profetisa de ochenta y cuatro años, al verle alababa a Dios y habla del niño Jesús a todos los que esperaban la redención de Israel. El evangelista san Lucas omite la vista de los Magos al niño Jesús en Belén,  su huida a Egipto en compañía de sus padres, José y María, y la matanza de los niños inocentes.

Sin embargo, san Mateo relata: “Unos magos de Oriente llegaron a Jerusalén preguntando ¿dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer, porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. El rey Herodes al oír esto, se turba y con él todo Jerusalén. Reúne a todos los príncipes del sacerdocio y a los escribas del pueblo preguntándoles dónde podía nacer el Mesías. Ellos le contestan en Belén de Judá, pues así está escrito”.

Entonces Herodes llama en secreto a los magos, les pregunta cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella, y los envía a Belén diciéndoles: “informaos exactamente sobre el niño, y cuando lo halléis, comunicádmelo para que vaya yo tambien a adorarlo. Los magos, guiados de nuevo por la estrella, caminan hasta pararse sobre el lugar donde estaba el niño. Entran en la casa, y ven al niño con María, su madre. De hinojos le adoran, y abriendo sus cofres le ofrecen los dones de oro, incienso y mirra. Advertidos en sueños de no volver junto a Herodes, regresan a su tierra por otro camino” (Mt. 2,  7-12).

San Mateo habla de “unos magos de Oriente”, sin decir su nacionalidad ni su número. Los magos eran sacerdotes astrólogos, posiblemente de Persia o Arabia. La tradición cristiana varía su número, desde dos a una docena y más, pero desde el siglo VIII los fijan definitivamente en tres magos, llamados, Melchor, Gaspar y Baltasar.

José avisado de ello por un ángel, huye con María y con el niño Jesús a Egipto pasando por  Herbón, Bersebée y girando a la derecha hasta alcanzar las rutas de las caravanas del desierto que conducen por la costa mediterránea a dicha nación. Al ver Herodes que los magos no regresan a Jerusalén para informarle sobre el niño, ordena matar en Belén a todos los niños varones menores de dos años.  Según la tradición, José, María y Jesús residen en la ciudad de Heliópolis, hoy llamada Matariyé, cerca del Cairo, durante un año o dos aproximadamente. José avisado por un ángel de la muerte del rey Herodes, regresan a Palestina siguiendo el mismo camino que había tomado (Mt 2, 13-21).

Los evangelistas Marcos y Juan omiten el nacimiento de Jesús en Belén y su adoración por los magos. Ello dio lugar a que ciertos autores racionalistas afirmen que Jesús no nació en Belén y que el viaje de su familia a Belén para empadronarse por ser José de la familia del rey David no es histórico, sino una pura leyenda. Los Evangelios no son una biografía, ni  tampoco una leyenda legendaria como quieren los ciertos autores racionalistas, sino una semblanza de la vida de Jesús de Nazaret, a la que le faltan datos cronológicos y topográficos, que son los ojos de la historia.

En el caso del nacimiento de Jesús de Nazaret, ni san Lucas ni san Mateo concretan el año ni el mes ni el día de su nacimiento. El monje excita, Dionisio el Exiguo, fija el año de su nacimiento en el 754 después de la fundación de Roma. Pero comete un error de seis años, dado que Herodes el Grande muere en Jericó, entre marzo y abril del año 750, y el niño Jesús nace por lo menos dos años antes de su muerte. El niño Jesús debió nacer, pues, en el año 748 de la fundación de Roma, aproximadamente.

En cuanto al mes y día de su nacimiento la Iglesia, hasta el siglo IV, lo fija en el día 6 o 7 del mes de enero. Pero a partir de dicho siglo, la Iglesia católica lo traslada al día 25 de diciembre, con la finalidad de sustituir la fiesta pagana del nacimiento del astro Sol o solsticio de invierno que los antiguos tanto celebraban, por el nacimiento del niño Jesús, Sol de luz y calor para la humanidad tan atormentada por la injusticia y el  egoísmo y la ingratitud que causa  odio, violencia y muerte.

En memoria y recuerdo de su nacimiento  en Belén se encuentra la Basílica de la Natividad, levantada sobre una cueva rocosa y rodeada de un grupo de monasterios y edificaciones que pertenecen a cristianos ortodoxos, católicos y armenios. Fue  construida en el siglo IV por el emperador romano, Constantino, a ruego de su madre santa Elena. Posteriormente, fue destruida en parte y reconstruida posteriormente por el emperador Justiniano en el año 550. Externamente dicha Basílica tiene la forma de una fortaleza. Durante la invasión persa de Palestina en el siglo VII, los islamistas persas destruyeron muchos templos, menos la Basílica de la Natividad, al ver un mosaico de los reyes magos en su fachada,  fue lo que les movió a respetarla.

Actualmente, se accede a ella por una puerta tan corta y tan estrecha que es necesario entrar en ella inclinado y bajando mucho la cabeza. Originariamente, la puerta no era así, sino que era alta y ancha en forma de arco para poder entrar con la cabeza erguida, pero en siglo XVII se acortó y estrechó de este modo con el fin de los musulmanes no entrasen a caballo en ella.

El interior de la Basílica de la Natividad mide 66 metros de largo por 17 de ancho. Las columnas son rojizas y su techo es ornamentado. Los cristianos griegos ortodoxos ocupan la parte central y la capilla principal en donde hay un altar lleno de incensarios colgantes despidiendo un olor intenso a incienso. Debajo de la parte central se halla la Cueva o Gruta, llamada la capilla de la Natividad, donde estaba el establo en cual el niño Jesús nació, a la que se accede por unas escaleras de forma circular.

La Cueva o Gruta mide 13 metros de largo y 3 de ancho. Sus muros y suelo son de mármol antiguo y está iluminada por 32 lámparas. Debajo de un pequeño altar hay una estrella de plata indicando el lugar donde Jesús nació. Se descienden tres escalones para llegar la capilla del Pesebre, lugar donde su madre María le acostó.

Los cristianos armenios tienen su culto religioso en la nave Nororiental de esta Basílica. La llave de la Basílica de la Natividad la tiene un palestino que se encarga de abrirla y cerrarla en nombre del rey de Jordania. Pegada a la Basílica de la Natividad, se halla la Basílica de Santa Catalina, construida por los religiosos franciscanos en 1881 y regida por ellos, donde realizan sus funciones religiosas y el patriarca latino católico celebra la misa del Gallo en la noche del 24 al 25 de diciembre. Ambas basílicas se unen por una puerta.

A escasos metros de la Cueva de la Natividad de Jesús, se encuentra la cueva donde san Jerónimo escribió la Vulgata, Biblia escrita en latín, desde textos arameos, hebreos y griegos. Su valor es incalculable prestando un gran servicio a las Iglesias cristianas. Cerca, se halla también la capilla de los santos Inocentes a la que se accede por unas escaleras al Suroeste. En  la aldea de Beit-Sahur se halla el Campo de los Pastores, donde el ángel del Señor y el ejército celestial se les aparecieron para anunciadles el nacimiento de Jesús, y muy cerca de allí se encuentra el campo, donde Bob conoció a su esposa Rut.

Belén se halla a una altitud de 77 metros sobre el nivel del mar. Se asienta sobre las laderas dos colinas. Antiguamente, era un lugar de paso de las caravanas que iban de Jerusalén a Egipto. Belén etimológicamente significa “casa de pan”, porque está ubicada en uno de  los lugares más extensos y fértiles de Palestina para el cultivo del pan. Es una de las ciudades históricas israelitas más importantes después de Jerusalén por ser la ciudad donde nació de Boaz, Noemí, Isaí y el Rey David. Fue muy disputada por judíos, cristianos y turcos, y de permanente peregrinación de cristianos a partir del siglo IV. A principios del siglo VII tenía ya numerosos templos y monasterios.

En el año 1928, la ciudad de Belén fue conquistada por los ingleses a los turcos, cediéndola a Jordania. Posteriormente, ocupada por el ejército de Israel ha sido cedida a la Autoridad Autónoma de Palestina. Actualmente, su población es casi toda musulmana, siendo los cristianos muy pocos.

José, María y Jesús, de regreso de Egipto a Palestina, al enterarse que en Judea gobernaba el etnarca Arquelao, hijo de Herodes, el Grande, cruel como su padre, continúan viaje a Nazaret, donde María había concebido virginalmente a su hijo por obra del Espíritu Santo, y donde: “crecerá y se fortalecerá llenándose de sabiduría y de la gracia de Dios” (Lc. 2, 40), durante su infancia, pubertad y juventud.

Nazaret era, entonces, una pequeña ciudad situada en un pliegue de la ancha meseta formada por un grupo de montañas que cierran al Norte la llanura de Esdralón, a una altura de 380 metros sobre el nivel del mar. Su clima era y es  frío en invierno y saludable en verano. Sus casas y cuevas eran de planta baja con una puerta de entrada de luz y de acceso a la cocina y al dormitorio para las personas y al establo para los animales con viñedos e higueras a su alrededor. Su mobiliario era una estera, cojines por el suelo, vasos de arcilla y un cofre pintado, una estera, unos cojines por el suelo, uno o dos vasos de arcilla y un cofre pintado.

Sus calles  eran senderos pedregosos con pequeñas plazuelas. En una de estas, se encontraba la única fuente de agua para sus vecinos. A su alrededor se concentraba toda vida y alegría de sus habitantes. A ella, acudían las mujeres nazaretanas, llenas de languidez y belleza, a extraer y llevar el agua para sus hogares. Sobre el lugar donde se hallaba la casa o cueva de María, hay dos opiniones, según la Iglesia ortodoxa se encontraba donde hay hoy día el templo de San Miguel y donde antiguamente había una fuente a la que accedía María en busca de agua para beber; y según la Iglesia católica se encontraba donde actualmente se levanta una hermosa y espléndida basílica llamada de la Anunciación.

Las familias y vecinos de Nazaret tenían por costumbre hablar en sus casas y plazas sobre la vida, costumbres e historia de sus antepasados. Jesús oía y participaba multitud de veces de estas conversaciones y tertulias. Asistía puntualmente a la sinagoga judía que se hallaba muy próxima a las casas o cuevas de José y de los padres de María. En ella había un lector de las Escrituras Sagradas que, a la  vez, era tambien maestro que enseñaba a leer y escribir. Los niños repetían una y otra vez las letras del dialecto arameo hasta grabarlas en su memoria como era costumbre en todo el Oriente.

De este modo, Jesús aprendió a leer y escribir dicho dialecto, dedicándose  profundamente al estudio y reflexión sobre los libros del Antiguo Testamento, y de una manera especial, a los del profeta Daniel y de Isaías, siendo sus grandes inspiradores y maestros, que le mostraron la calamitosa situación por la que pasaba el pueblo judío y la necesidad de cambiarla para salir de ella. En los Salmos, su alma lírica encontraba el alimento y sustento espiritual para orar y comunicarse con Dios Padre durante toda su vida.

Su padre José era un artesano carpintero, situación normal en Oriente, que ni es de desahogo ni de miseria. Debió morir antes de la vida pública de Jesús, quedando su madre María como jefa de familia, porque cuando se le quiere distinguir de otros llamados Jesús, se le conoce como “hijo de María” (Mc. 6, 3). Según algunos escritores, María, sintiéndose extranjera, después  de la muerte de su marido José, se vino a vivir a Caná, pequeña ciudad de Galilea, a dos horas a pié de Nazaret.

María tenía otra hermana llamada María, casada con Cleofás, padres de Santiago, el Menor, José, Simón y Judas, primos hermanos del Jesús. Tuvo, además otros familiares, varones y mujeres, por parte de su padre legal José, designados como el nombre genérico de hermanos, “quienes no creían él” (Jn. 7, 5), y que más tarde, le harían una fuerte oposición en su predicación por Galilea, llamándole loco.

José y María tenían por costumbre peregrinar en caravana con otras familias a Jerusalén para celebrar la Pascua judía siguiendo el camino por Sichem de Samaria e iban cantando salmos. A los doce años, les acompaña su hijo Jesús que se queda en Jerusalén. Sus padres creyendo que iba con la caravana que regresaba a Nazaret, lo buscan pero no lo encuentran. Al no hallarlo vuelven a Jerusalén en su busca, encontrándolo en el atrio del Templo, sentado en medio de los doctores, escuchándoles y preguntándoles. “Todos los que le oían quedaban asombrados  por su inteligencia y de sus respuestas (Lc. 2, 47). Estos viajes, sirvieron a Jesús para conocer a la clase sacerdotal religiosa judía que servía y atendía el Templo de Jerusalén y a los fariseos y saduceos que estudiaban la Ley Mosaica aplicándola hipócritamente, causándole todos ellos una gran antipatía.

Hoy día, Nazaret está formado por dos ciudades, la antigua y la nueva, con una población de más de cien mil habitantes mayoritariamente árabes y judíos. La antigua es una típica ciudad árabe por la construcción de sus casas, calles, mercados y por el colorido indumentario de sus gentes y en donde los religiosos franciscanos custodian la Basílica de la Asunción, el templo de san José y dirigen una antigua y moderna hospedería. Su población es mayoritariamente musulmana. La nueva ciudad de Nazaret-Ilit, cuya población es mayoritariamente judía, es más moderna en sus casas y espacios de esparcimiento.

Desde la montaña de Nazaret se divisa, al Oeste, el golfo de Haifa y las bellas montañas del monte Carmelo. Al Sur, la doble cumbre de Neguidó, las montañas de Siquén de tantos recuerdos patriarcales como es pozo de Jacob, donde Jesús sostendrá una hermosa y bella conversación con la samaritana, y los montes de Gelboé. Al Este, el monte Tabor. Al Norte, las montañas de Jasef. Este fue el horizonte que Jesús vio y divisó quedando grabado en  su retina.

La actual Basílica de la Asunción reconstruida en 1967 sobre el lugar donde se hallaba la vivienda de José, María y Jesús, y sobre donde hubo cuatro templos antiguos, siendo el primero de fecha desconocida, el segundo, de la época bizantina, el tercero, del siglo XII y el cuarto, del siglo XVII, se halla regida por los religiosos franciscanos y consagrada por el papa Pablo VI.

Los cristianos creemos que Jesús de Nazaret es una persona divina que posee dos naturalezas, una divina, como la de Dios Padre, y otra humana, compuesta de alma y cuerpo. Como persona divina conoce verdaderamente el pasado, el presente y el futuro de todo cuanto existe y puede existir.  Pero con su naturaleza humana quiso nacer, crecer, vivir, recordar, conocer y amar como un ser humano, valiéndose de su memoria, entendimiento y voluntad humanos.

Como hombre fue soltero y célibe. No se casó con ninguna mujer, y se advierte en él un sentimiento extraordinariamente delicado hacia ellas, tratándolas cómo hermanas. Sus relaciones con mujeres de conducta libre y equívoca eran totalmente de orden moral para cambiarlas de conducta. La ternura de su corazón se transformaba en él en infinita dulzura, poesía, atractivo personal y vida. Ejerció como su padre legal, José, el oficio de carpintero. Era costumbre que las personas intelectuales tuviesen un oficio manual del cual vivían. Un ejemplo de ello, es san Pablo, que siendo un intelectual, era fabricante de  lonas o tapicero. Todo su amor lo dirigirá a su Dios Padre y a su obra, el Reino de Dios.

Sus fuentes de inspiración y predicación evangélica son los libros del Antiguo Testamento, la naturaleza y las gentes de la región de Galilea. Entendía que la Ley, los Profetas y demás libros sagrados judíos había que explicarlos e interpretarlos con un corazón sencillo y humilde y con un lenguaje liso y llano, como hizo Moisés y los Profetas.  Frente a la religión farisaica y saducea judía, concibe la religión del corazón poniendo todo su amor al servicio de Dios Padre, al que no hay que temerle, sino amarle porque es Amor.

Sentía verdadera repugnancia hacía las escuelas  judías, farisaicas  y seduceas, en la cuales los doctores de la ley explicaban las Sagradas Escrituras por medio de alegorías exageradas y utópicas e interpretaciones sutiles y fraudulentas; contra las cuales, ya el sabio judío fariseo Hillel Gamaliel entendía que debían ser explicadas en lenguaje menos alegórico y utópico, y más literal, sencillo y humano. Estas citadas alegorías las recoge el libro judío del Talmud, donde podemos leerlas.

De la naturaleza de Galilea tomará las frases, imágenes, parábolas y comparaciones contemplando la tranquilidad, placidez de sus manantiales, el encanto de sus flores y la armonía de sus montañas, viendo cómo las tórtolas,  mirlos, alondras, cigüeñas, entre otras  aves, que anidaban en estas tierras y daban alegría a sus vecinos, y observando cómo las higueras, las viñas, los nogales, los manzanos eran, entre otros árboles, los que poblaban sus valles y montañas.

A Jesús le encantaba el lago de Galilea por ser un remanso de paz y de vida. Veía que el Sol ilumina a los buenos y a los malos, que el grano de trigo se convierte en tallo y daba su fruto, el pan para comer los humanos, que las estrellas resplandecen sobre las pobres cabañas de los pescadores y sobre las mansiones de los ricos, que los granos de uva de la vid engordan, maduran y fermentando dan vino, y que los lirios del campo se visten de belleza y hermosura mayor que la se visten los reyes y príncipes de este mundo.

Oía el murmullo de la cabaña batida por el viento. Veía cómo el césped fresco se convierte en hierba seca pasado algún tiempo. Cómo la zorra traidora después de cometer su fechoría se esconde en la oscuridad de la madriguera. Cómo los perros husmean bajo la mesa de sus señores para comer sus desperdicios. Cómo las serpientes se arrastran sobre la hierba oscura y las víboras se esconden bajo las piedras. Cómo las palomas se arrullan sobre los tejados de las casas y las águilas se precipitan con sus amplias alas sobre su presa. Cómo los pastores buscan afanosamente a sus ovejas perdidas.

Otra de las fuentes de inspiración evangélica de Jesús eran las gentes de Galilea, habitada por judíos, fenicios, sirios árabes y griegos, que eran personas enérgicas, valientes y laboriosas  que habitaban aldeas y pequeñas ciudades. La mayoría trabajaba en la agricultura y en la pesca en el lago de Galilea, y una pequeña minoría trabaja en oficios manuales, tales, como carpintero, como fue su padre legal. Sus paisanos galileos, creían que el diablo era el origen y el principio del mal en este el mundo. Se imaginaban que las enfermedades nerviosas eran causadas por los demonios en los pacientes.

Sabían que el pueblo israelita y judío había sufrido la derrota, el dominio y la cautividad antiguamente y que en la actualidad vivían bajo la dominación romana, sintiéndose humillados. Creían que este mundo estaba organizado en reinos que se hacen la guerra unos a otros y que por medio de las preces y oraciones a Yahvé  podían cambiar el curso de la historia humana y poder curar enfermos. En estas circunstancias, flotaba en el ambiente galileo el deseo y la necesidad de un Mesías que sacara a su pueblo judío de la dominación romana y le llevara al esplendor de la gloria de un reino independiente y libre. Lo deseaban tanto que lo sentían próximo en el corazón de todos ellos.

Durante esta época, surgieron en Galilea numerosos levantamientos y sediciones acaudillados por valerosos y celosos defensores de la libertad y del nacionalismo del pueblo judío contra la dominación del imperio romano en Palestina. Entre ellos, Judas hijo de Serifeo, Matías hijo de Margaleth, y Judas llamado el Galileo, el más importante, creando en Galilea un gran movimiento político contra la ocupación romana basado en la impopularidad del censo y en el pago de los impuestos romanos.

Es posible que Jesús conociese a este último líder político nacionalista y revolucionario, pero en todo caso conoció a sus militantes y partidarios. Sin embargo, criticó a estos partidos políticos nacionalistas revolucionarios basados en la violencia. Para Jesús, la violencia no era el camino ni el medio para que su pueblo judío encontrase su liberación y la solución a sus problemas políticos y religiosos.

Jesús no se sentía patriota político como los Macabeos ni teólogo nacionalista como Judas el Gaulonita. Su voz sonaba con extraordinaria dulzura entre las personas con las que hablaba, exhalando su persona un atractivo infinito que fascinará a las poblaciones sencillas y benévolas de Galilea. Su carácter dulce y a la vez fuerte se reveló muy temprano.

Era aficionado a los aforismos concisos y expresivos y a veces enigmáticos. Algunos los había tomado de los libros del Antiguo Testamento, otros, de sabios, tales como, de Antígeno de Soco, de Jesús, hijo de Sirach y de Hillel Gamaliel.  Habían llegado a él como proverbios que circulaban por el pueblo, revistiéndolos e impregnándolos de amor, humildad, perdón, abnegación, justicia y fortaleza.

Creía que el Reino de Dios se hallaba en el corazón de las personas que aman. La moral evangélica que expondrá en el famoso Sermón de la Montaña  será la más alta creación de amor salida de la recta razón humana, y el código de vida  más perfecto que pueda trazar el ser humano.

Por: José Barros Guede
Fuente: Ecclesia
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