Ángelus 17 de junio de 2018

Ángelus del 17 junio 2018-©-Vatican-News

Palabras del Papa antes del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡Buenos días!

En el fragmento del Evangelio de hoy (Mc 4.26-34), Jesús habló a la multitud del Reino de Dios y del dinamismo de su crecimiento, y lo hace contando dos parábolas breves.

En la primera parábola (v. 26-29), el Reino de Dios se compara con el misterioso crecimiento de la semilla, que se siembra y el germen crece y produce la especie, independientemente de los cuidados del agricultor, que al final de la maduración hace lo necesario para recolectarlo. El mensaje que nos da esta parábola es éste: por la predicación y la acción de Jesús el Reino de Dios es anunciado, irrumpe en el campo del mundo y como el grano crece y se desarrolla, por su propia fuerza y ​​de acuerdo con sus criterios, humanamente no descifrables. Al crecer y germinar en la historia, no depende tanto del trabajo del hombre, sino que es sobre todo la expresión del poder y la bondad de Dios. Y de la fuerza del Espíritu Santo, quien hace avanzar la vida cristiana en el seno del Pueblo de Dios.

A veces la historia, como  sus acontecimientos y sus protagonistas, parece ir en sentido contrario de los designios del Padre celestial, que quiere para todos sus hijos la justicia, la fraternidad, la paz. Pero estamos llamados a vivir estos tiempos como temporadas de prueba, de esperanza y atenta espera de la cosecha. En efecto, ayer, como hoy, el Reino de Dios está creciendo en el mundo de una manera misteriosa y sorprendente, al revelar el poder oculto de la pequeña semilla, su victoriosa vitalidad. En los pliegues de los acontecimientos personales y sociales que a veces parecen marcar el hundimiento de la esperanza, uno debe permanecer confiado en la acción sofocada pero poderosa de Dios. Por eso, en tiempos de tinieblas y dificultades, no debemos permitir dejarnos abatir, sino permanecer anclados en la fidelidad de Dios, en su presencia que siempre salva. Acordaos de esto: Dios salva siempre, Él es salvador.

En la segunda parábola (v. 30-32), Jesús compara el Reino de Dios con un pequeño grano de mostaza. Es un grano muy pequeño, pero crece hasta convertirse en la más grande de todas las plantas del jardín: un crecimiento impredecible, sorprendente. No es fácil para nosotros entrar en esta lógica de la naturaleza impredecible de Dios y aceptarla en nuestra vida. Pero hoy el Señor nos exhorta a una actitud de fe que va más allá de nuestros proyectos, nuestros cálculos y nuestras predicciones. Dios es siempre el Dios de las sorpresas, el Señor siempre nos sorprende. Es una invitación a abrirnos más generosamente a los planes de Dios, tanto a nivel personal como a nivel comunitario. En nuestras comunidades debemos prestar atención a las pequeñas y grandes oportunidades de bien que nos ofrece el Señor, permitiéndonos involucrarnos en su dinámica de amor acogedor y de misericordia hacia todos.

La autenticidad de la misión de la Iglesia no está dada por el éxito y la satisfacción de los resultados, sino por el hecho de avanzar con el coraje de la confianza y la humildad de rendirse a Dios. Avanzar en la confesión de Jesús y con la fuerza del Espíritu Santo. Es la consciencia de ser pequeños y débiles instrumentos, que en las manos de Dios y por su gracia pueden realizar grandes obras, avanzando en su Reino que es “justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo” (Rom 14,17). Que la Virgen María nos ayude a ser simples y atentos, a colaborar con nuestra fe y nuestro trabajo en el desarrollo del Reino de Dios en los corazones y en la historia.

Palabras del Papa después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Ayer, en Caracas, María Carmen Rendiles Martínez, fundadora de las Hermanas Siervas de Jesús de Venezuela, fue proclamada beata. Madre Carmen, nacida y muerta en Caracas en el siglo pasado, sirvió con amor a sus hermanas, en las parroquias, en las escuelas y al lado de los más necesitados. Alabemos al Señor por este fiel discípula y encomiende a su intercesión nuestras oraciones por el pueblo venezolano. Y saludemos a la  nueva Bienaventurada y al pueblo venezolano con aplausos.

Me preocupa la difícil situación del pueblo de Yemen, ya agotado por años de conflicto. Hago un llamamiento a la comunidad internacional para que no escatime esfuerzos para llevar urgentemente a las partes involucradas a la mesa de negociaciones y evitar un empeoramiento de la trágica situación humanitaria. Recemos a la Santísima Virgen por Yemen. Dios te Salve María…

El próximo miércoles es el Día Mundial del Refugiado, promovida por las Naciones Unidas para llamar la atención a las experiencias, a menudo con gran angustia y sufrimiento de nuestros hermanos obligados a huir de sus tierras debido al conflicto y a las persecuciones. Un día que este año cae en medio de consultas entre los gobiernos para la adopción de un pacto mundial sobre los refugiados, que se aprobará de aquí a finales de año con el de la migración segura, ordenada y regular. Espero que los Estados involucrados en estos procesos lleguen a un acuerdo para garantizar, con responsabilidad y humanidad, la asistencia y protección a quienes se ven obligados a abandonar su país. Pero cada uno de nosotros también está llamado a estar cerca de los refugiados, a encontrar con ellos momentos de encuentro, a valorar su contribución, para que ellos también puedan integrarse mejor en las comunidades que los reciben. En este encuentro y en este respecto y el apoyo mutuo, existe la solución a muchos problemas.

Les saludo a todos, queridos romanos y peregrinos, especialmente los de España, Malta, Brasil; son ruidosos, estos brasileños, de los Estados Unidos de América; estudiantes de London Oratory School y del Colegio Oratorio Festivo en Novelda, España.

Escuché que hay un grupo de argentinos entre ustedes. Recuerden que hoy en nuestra patria es el Día del Padre. Recuerda a tus papás en tus oraciones.

Saludo a los fieles de Teramo, a Francavilla a Mare y al grupo de Acción Católica de Trento; los jóvenes de Campobasso que recibieron la Confirmación; la Asociación de bibliotecarios eclesiásticos italianos y el grupo “Un incontro, una speranza” de Olbia.

A todos les deseo un buen domingo. Por favor, no os olvidéis de rezar por mí. Buen almuerzo y adiós.

Fuente: Zenit |© Traducción ZENIT, Raquel Anillo
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