El eco de Su voz: Sor Zdenka

 

ZdenkaCeciliaSchelingovaSor Zdenka, una mártir que desafió al régimen comunista para salvar a sacerdotes

“No hay que temer al sufrimiento”, afirmó. “Dios siempre nos concede la fuerza y el valor necesarios”

Algunos santos habrían tenido una vida absolutamente común de no haber vivido en tiempos extraordinarios. Este fue el caso de la beata Zdenka Schelingová, una buena hermana que se vio forzada a la grandeza por las circunstancias de su vida.

Nació el 24 de diciembre de 1916 en Krivá, en Orava, región montañosa al noroeste de Eslovaquia. Era la penúltima de once hijos. Fue bautizada, tres días después, con el nombre de Cecilia. Sus padres, Pavol y Susana, que formaban una familia muy religiosa, impartieron a todos sus hijos una ejemplar educación cristiana, fundada en la oración y en el cumplimiento del deber diario, que para ellos eran los trabajos del campo y los quehaceres de la casa.

Cecilia hizo los estudios de primaria de 1922 a 1930. En la escuela era diligente y obediente, amable y modesta; siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás. Por eso, todos sus compañeros la amaban.

Cuando tenía 12 años, las Hermanas de la Caridad de la Santa Cruz fueron a enseñar a su escuela y Cecilia quedó embelesada con ellas. Acompañada por su madre, viajó hasta el convento para solicitar su admisión, pero le dijeron que primero debía terminar sus estudios de enfermería y radiología. Durante casi cinco años eso fue lo que hizo Cecilia, hasta que por fin admitieron su ingreso en 1936. Al año siguiente, tomó el nombre de sor Zdenka.

Desde ese momento, la vida de sor Zdenka prosiguió como cabía esperar. Pasó el noviciado, pronunció sus votos y empezó a trabajar en el departamento de radiología del hospital donde servía la comunidad.

Pero la grandeza no llega de repente, sino que se construye durante años de obediencia, sacrificio y oración. Durante 15 años, sor Zdenka vivió una vida devota a Cristo y a Su pueblo, diciendo: “En mi servicio en el hospital voy del altar de Dios al altar de mi trabajo”.

Estos años de fidelidad ordinaria fueron los que prepararon a sor Zdenka para los desafíos venideros. Durante su vida, su patria estuvo llena de agitación. Cuando los comunistas vencieron a los nazis, la situación de la Iglesia fue de mal en peor. Las órdenes religiosas fueron disueltas, los sacerdotes huyeron del país y aquellos que les ayudaban a huir eran condenados por traición.

Un sacerdote condenado a Siberia

La IglesiIga pidió a los sacerdotes y religiosos que no se resistieran a las restricciones impuestas por el gobierno comunista. Siempre obediente, sor Zdenka hizo lo que le mandaron; hasta que llegó un día en que la conformidad tendría el precio de la vida de un hombre. En aquel momento, sus años de fe y lealtad fructificaron en heroísmo.

Un sacerdote condenado fue llevado al hospital donde trabajaba sor Zdenka; al escuchar que su destino era Siberia y la muerte, la religiosa deslizó somníferos en el té del vigilante, sacó clandestinamente al sacerdote del hospital y lo condujo a un lugar seguro, guiado por unos contactos de ella que le ayudarían a cruzar la frontera con Austria.

Inmediatamente después, sor Zdenka fue a la capilla, se arrodilló ante el Santo Sacramento y rezó: “Jesús, te ofrezco mi vida a cambio de la suya. ¡Sálvale!”.

Torturas

Parece que su sacrificio fue aceptado; pocos días más tarde, sor Zdenka trató de sacar clandestinamente del país a tres sacerdotes y tres seminaristas, cuando fue descubierta, arrestada y llevada a prisión.

La sentenciaron a 12 años y habitualmente era torturada por sus guardas, que trataban de obligarla a convertirse en espía para ellos o a confesar los nombres de sus cómplices. Fue estrangulada, apaleada y recluida en régimen de aislamiento.

Le dieron patadas repetidamente en el pecho derecho, que quedó desgarrado y donde más tarde desarrolló un cáncer. Le practicaron una mastectomía parcial sin anestesia en un hospital penitenciario.

Y aun así, con todo este sufrimiento, sor Zdenka conservó la esperanza. “No hay que temer al sufrimiento”, afirmó, “Dios siempre nos concede la fuerza y el valor necesarios”. Trasladada de una prisión fría y mugrienta a otra, pronto quedó claro que su salud se degradaba rápidamente. En vez de permitirle morir en prisión y que ejerciera de mártir para los demás, los agentes la liberaron.

Sin embargo, el sufrimiento de sor Zdenka no terminó al salir de prisión. Ya había sabido que sus compañeras religiosas consideraron sus intentos por salvar las vidas de sacerdotes como actos de desobediencia; las hermanas habían recibido la orden de no resistirse y sor Zdenka había sido calumniada como renegada.

Un último tramo de dolor: la incomprensión

Dudosa sobre el tipo de bienvenida que recibiría, sor Zdenka se dirigió al hospital donde había trabajado en Bratislava. Pidió que la admitieran, pero le dijeron que la superiora temía la reacción de la policía de aceptar a una convicta entre ellos. Su convento dijo lo mismo, de modo que esta esposa de Cristo que había ofrecido toda su vida al Señor se veía sin techo y moribunda, abandonada por ser fiel a las leyes de Dios.

Finalmente, sor Zdenka encontró refugio con su amiga Apolonia. Solo una semana más tarde, era llevada a un hospital, donde falleció a la edad de 38 años. Antes de su muerte, miró a su amiga Apolonia y le dijo: “El perdón es lo más grande de esta vida”.

Más tarde, sor Zdenka fue perdonada por las autoridades y declarada mártir por la Iglesia. Pero este martirio solo fue posible gracias a su voluntad para hacer pequeños sacrificios y ser obediente en las pequeñas cosas.

El 31 de julio, día de la beata Zdenka Schelingová, pidamos su intercesión para que vivamos vidas santas ordinarias como preparación para la vocación que podríamos escuchar algún día para hacer algo extraordinario. Beata Zdenka Schelingová, ¡ruega por nosotros!

Fuente: aleteia | aciprensa

 

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