Ángelus 8 de diciembre de 2016 – La Inmaculada

“Queridos hermanos y hermanas ¡Buen día!

Las lecturas de hoy, solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada Virgen María, presenta dos pasajes cruciales en la historia de la relación entre el hombre y Dios: podríamos decir que nos conducen a los orígenes del bien y del mal. Estos dos pasos nos conducen en el origen del bien y del mal.

El libro del Génesis nos muestra el ‘no’ de los orígenes, el ‘no’ humano, cuando el hombre ha preferido mirarse a sí más bien que a su Creador, ha querido hacer con su cabeza, ha decidido bastarse a sí mismo.

Pero así haciendo, al salirse de la comunión con Dios, se ha perdido justamente él mismo y ha comenzado a tener miedo, a esconderse y acusar a quien le está cerca. Estos son los síntomas: el miedo, un síntoma de miedo a Dios, indica que estoy diciendo ‘no’ a Dios, acusar a los otros y no acusarme a mi mismo significa que me estoy alejando de Dios y esto hace el pecado.

Pero el Señor no deja al hombre a merced de su mal; enseguida lo busca y le dirige una palabra llena de temor: ‘¿Dónde estás?’. Como si digiera: ‘detente’. Es la pregunta de un padre o una madre que busca a su hijo perdido: ‘¿Dónde estás?’. ‘¿En qué situación has terminado?’. Y esto Dios lo hace con tanta paciencia, hasta colmar la distancia que se crea en los orígenes.

Este es uno de los pasajes. El segundo pasaje crucial narrado hoy en el Evangelio, es cuando Dios viene a habitar entre nosotros, se hace hombre como nosotros. Y esto ha sido posible por medio de un gran ‘sí’, el del pecado era un ‘no’, este es un ‘sí’, un gran ‘sí’, el de María en el momento de la Anunciación.

Por esto Jesús inició su camino en los caminos de la humanidad; lo inició en María, transcurriendo los primeros meses de vida en el seno materno; no apareció ya adulto y fuerte, pero siguió todo el recorrido de un ser humano. Se hizo en todo igual a nosotros, excepto en una cosa: ese ‘no’, excepto el pecado.

Por esto ha elegido a María, la única criatura sin pecado, inmaculada. En el evangelio, con una palabra sola ella es llamada ‘llena de gracias’, o sea rebosante de gracia. Quiere decir que en ella, inmediatamente llena de gracia, no hay espacio para el pecado. Y también nosotros cuando nos dirigimos a ella reconocemos esta belleza: la invocamos ‘llena de gracia’, sin sombra de mal.

María responde a la propuesta de Dios diciendo: ‘Aquí está la esclava del Señor’. No dice: ‘Bueno, esta vez haré la voluntad de Dios, me vuelvo disponible, después veré…’.

No, el suyo es un ‘sí’ que es pleno y sin condiciones. Y así como el ‘no’ de los orígenes había cerrado el paso del hombre a Dios, así el ‘sí’ de María ha abierto el camino de Dios entre nosotros. Es el ‘sí’ más importante de la historia, el ‘sí’ humilde que derroca el ‘no’ soberbio de los orígenes, el ‘sí’ fiel que cura la desobediencia, el ‘sí’ disponible que derroca el egoísmo del pecado.

También cada uno de nosotros tiene una historia de salvación hecha de ‘sí’ y de ‘no’ a Dios. A veces pero somos expertos en los medios ‘sí’: somos buenos para fingir que no hemos entendido bien lo que Dios querría y la conciencia nos sugiere. Somos también astutos para no decir un ‘no’ verdadero y propio a Dios y decimos: ‘Pero discúlpame no puedo’, ‘no hoy pero mañana’, ‘mañana seré mejor, mañana rezaré, haré el bien, mañana’. Esta astucia nos aleja de Dios y nos lleva al no del pecado, de la mediocridad. El famoso ‘pero’, ‘si Señor pero…’

Así cerramos la puerta al bien y el mal se aprovecha de estos ‘sí’ que faltaron. Cada uno de nosotros tiene una colección adentro, de ‘sí’ que han faltado.

En cambio cada ‘sí’ pleno a Dios da origen a una historia nueva: decir sí a Dios es verdaderamente ‘original’, no el pecado que nos vuelve viejos en nuestro interior. Han pensado que el pecado nos vuelve viejos en el interior, nos envejece rápidamente. Cada ‘sí’ a Dios da origen a historias de salvación para nosotros y para los demás.

En este camino de Adviento, Dios desea visitarnos y espera nuestro sí: pensemos, yo hoy qué ‘sí’ tengo que decir a Dios, pensemos, nos hará bien y escucharemos la voz del Señor en nuestro interior que los llevará a realizar un paso adelante. Con el cual le decimos: “Creo en ti, espero en ti, te amo; se cumpla en mi tu voluntad de bien”. Con generosidad y confianza imitando a María digamos hoy, cada uno de nosotros, este sí personal a Dios.

A todos les deseo una buena fiesta y un buen camino de Adviento con la guía de la Virgen María. Y por favor no se olviden de rezar por mi. ‘¡Buon pranzo e arrivederci!’”.

Fuente: Zenit
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