Carta del 3 de agosto – Mons. Carlos Osoro

Protagonistas de nueva vida: marcados por la misericordia

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No sé si sabré describir todo lo que durante estos días hemos vivido en Cracovia (Polonia), junto a los jóvenes del mundo acompañados por el Papa Francisco. Tanto los que allí estuvimos acompañándolos y dando las catequesis, como los que habéis seguido lo allí acontecido por los medios de comunicación social, hemos visto la importancia que tiene este momento histórico y la conexión que los jóvenes realizan desde la fe para afrontar con el arma de la misericordia nuevas maneras de vivir y de ser, que nos lleven a hacer de esta humanidad una gran familia.

Jóvenes venidos de todos los países y culturas han conectado desde lo más profundo de su existencia con la propuesta que Jesucristo nos hizo directamente y que, a través de los tiempos, realiza la Iglesia en su nombre. Ha sido un acontecimiento como Pentecostés, donde todos se entendían porque hablaban y vivían el lenguaje del amor de Dios, de la misericordia. Los jóvenes fueron sensibles y escucharon lo que el Papa Francisco les manifestaba. Al igual que en Pentecostés, el sucesor de Pedro les habló de la fuerza y de la novedad que trae Jesucristo; nada se puede comparar. Esta novedad hace jóvenes despiertos, inquietos, con capacidad para no vivir vegetando, para dejar huella; defensores de la libertad, con la audacia de caminar por este mundo siguiendo la locura de este Dios que se nos ha revelado en Jesucristo y se nos muestra en el desnudo, en el hambriento y en el sediento, en el enfermo, en el encarcelado, en el emigrante y en el que vive la soledad de no tener una mano amiga que le de calor y aliento.

Junto al Papa Francisco, los jóvenes han visto al maestro, líder y amigo que les dice la verdad sin esconder nada. A quien con una fuerza extraordinaria les dice que, frente al odio, la división, el consumismo, el descarte, el vivir egoístamente, ante la guerra, los enfrentamientos y la falta de perdón, la respuesta tiene que ser la fraternidad, la comunión, construir la gran familia de los hijos de Dios. Para esto, nos invita a no encerraros y tampoco a paralizarnos o sentarnos buscando la comodidad y la seguridad. Vivir así hace jóvenes adormecidos y, mientras duermen, otros aprovechan para decidir el futuro por ellos.

¡Qué maravilla ver cómo el Papa Francisco ha captado la sensibilidad de los jóvenes, que ni les gusta ni se sienten plenos y felices con la manera de vivir y desarrollarse de nuestro mundo! No es un problema religioso, es un problema de tomar la decisión de no esconder la verdadera fotografía del ser humano realizada por Dios mismo. Somos imagen y semejanza suya, ¿podemos destruir estas imágenes? ¿Podemos utilizarlas a nuestro gusto? ¿Podemos romperlas? Frente al retrato del hombre que quiere instalarse en nuestro mundo, que lleva a una convivencia del descarte y la utilización de los demás, a servirse de los otros, y a no tener el coraje suficiente para hacer y construir el mundo para todos, seamos una gran familia. Esto se puede hacer si tomamos la decisión de vivir según el deseo de Nuestro Señor Jesucristo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado».

Hoy podemos decir que muchos jóvenes del mundo, los que no quieren desentenderse de las situaciones de los demás, los que quieren construir una gran familia, quieren y sueñan con la época de la misericordia. Muchos han descubierto que el corazón, cuando es tocado por Jesucristo, cambia todos los planteamientos de la vida. Ven claro que una nueva época ha comenzado con Jesucristo, pueden decir con fuerza «¡este es el tiempo de la misericordia!», y toman la decisión de decir «¡Señor, haz de mí un instrumento de misericordia!». Porque perciben y ven en lo más profundo de sí mismos una llamada a prestar la vida para ser instrumento de misericordia, desean marcar el presente y el futuro de la humanidad con una revolución no con armas, sino con el amor mismo de Dios. ¿Dónde está ese Dios? ¿Dónde está ese Dios que consiente el mal de la enfermedad, del emigrante que deja su tierra, del refugiado, de la guerra, de las desgracias, de los niños explotados? Búscalo en ellos, ponte a servirlos como lo hizo Él mismo, hasta morir por amor en la Cruz. Cambia el mal por el bien con el amor mismo de Dios. Él quiere hacerse presente con su misericordia. ¡Qué palabras salidas del corazón del Papa Francisco en Auschwitz!: «¿Es posible que nosotros los hombres, creados a imagen de Dios, seamos capaces de hacer estas cosas? […] pero si esto es verdad, también lo es que Jesús ha cargado sobre sí todas estas cosas, incluso nuestro pecado, […] todos somos pecadores, Él nos ama porque somos hijos de Dios». Y quiere que de lo que Él nos ha dado, demos nosotros también.

Pienso que para ser instrumentos de la misericordia de Dios, es bueno que nos detengamos en alguna de estas bienaventuranzas, que tienen repeticiones, pero también aspectos diferentes que pueden tocar más tu corazón. Seas joven o mayor, en este tiempo de verano, toma la decisión de hacer este sueño que está en el corazón de todo ser humano y que Dios hizo realidad con su vida para nosotros. También con su gracia nosotros podemos hacerlo:

  • 1. Bienaventurado si aceptas la invitación de Cristo: coge el arma de la misericordia que te regala gratuitamente y entra en el mundo siendo testigo fuerte de esta manera de amar.
  • 2. Bienaventurado si has descubierto en Jesucristo que este es el tiempo de la misericordia y dispones la vida a vivirla con pasión, entrega, protagonismo, dedicación y confianza.
  • 3. Bienaventurado si tienes valentía para dejarte mirar y tocar el corazón por el Señor, no podrás más que servir su misericordia.
  • 4. Bienaventurado si descubres que la Cruz es el signo más elocuente de amor y, desde ella, comprendes para vivir dándote y entrando en la lógica divina del don, de la entrega y de la donación.
  • 5. Bienaventurado si, ante los sufrimientos que padecen los hombres, miras a Jesús y te acercas como Él a quienes los padecen, con sus ojos, manos y oídos.
  • 6. Bienaventurado si con tu vida das respuestas concretas a los sufrimientos y necesidades de la humanidad.
  • 7. Bienaventurado si muestras con la vida que eres signo misericordioso de Jesús en este momento histórico que nos toca vivir, regalando paz, perdón, comprensión, compasión, dedicación, interés…
  • 8. Bienaventurado si, en el entorno en el que vives, das respuesta a esta pregunta: ¿cómo es posible que los hombres, que somos imagen y semejanza de Dios, dañemos, rompamos y estropeemos esa imagen?
  • 9. Bienaventurado si te haces pequeño, concreto y humilde como el Señor con quienes te encuentres por los caminos de la vida y das siempre plenitud de vida.
  • 10. Bienaventurado si te lanzas con protagonismo a la aventura de la misericordia, en tu familia, en tu trabajo, donde vives y con quienes vives, en las situaciones reales que rompen la familia humana; un protagonismo que lo es de entrega, de olvido de sí, de ver que el otro es más importante, de no dedicar tu tiempo a cuidarte y vivir pata ti mismo. Tu tiempo es tiempo de Dios y lo es para tus hermanos.

Con gran afecto, os bendice,

firma_osoro

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