Carta del 20 de julio de 2016 – Mons. Carlos Osoro

La alegría de ser instrumentos de la misericordia de Dios

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En estas últimas semanas he dedicado mis cartas a grupos muy diferentes. El motivo era dar sentido a estos meses en los que el tiempo de las vacaciones se manifiesta y que se viven de diversas formas. Me he referido a las familias, a los encarcelados, a los ancianos… Hoy quiero dirigirme a vosotros, los jóvenes. El pasado sábado, 16 de julio, os despedí a cerca de 2.000 en la parroquia de San Juan de la Cruz. Los que allí estabais representabais a miles de jóvenes que, desde nuestra archidiócesis de Madrid, estáis de camino a Cracovia. Vais de maneras diferentes, con distintos recorridos y modos de transporte, a uniros a más de un millón de jóvenes del mundo que esperan en esa ciudad llena de recuerdos para vivir la XXXI Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

El lema de este encuentro es: Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia (Mt 5,7). ¡Cracovia os espera! Pero os espera para que os encontréis con el Señor, con su amor; para que tengáis la experiencia de su misericordia y se la devolváis a los hombres. Es la ciudad de san Juan Pablo II. De allí salió para Roma al cónclave que lo eligió Sucesor de Pedro. Es la ciudad de santa Faustina Kowalska, a quien él mismo canonizó en el año 2000, instituyendo la fiesta de la Divina Misericordia. En el año 2002, en el santuario de la Divina Misericordia, dijo a todos los hombres: «Es preciso encender la chispa de la Gracia de Dios. Es preciso transmitir al mundo este fuego de la misericordia. En la misericordia de Dios el mundo encontrará la paz, y el hombre, la felicidad» (Cracovia, 17-VIII-2002).

Aún recuerdo cómo os despedí el pasado sábado, explicando que vais a una peregrinación para encontraros con el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco. No vais por vuestra cuenta. Os envié a Cracovia con las mismas palabras con las que Dios envió a Abrahán: «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré […], te bendeciré […] y en ti serán benditas todas las familias de la tierra” (cf. Gn 12, 1-3). Os transmití tres ideas: «salid», «salid con la bendición de Dios», «salid para bendecir». Tres ideas que contienen toda una tarea: 1) «Salid»: Caminad, encontraos con personas distintas, sentid la universalidad de la Iglesia y de su misión. 2) «Salid con la bendición de Dios»: El Señor os envía, no vais por vuestra cuenta. Como a Abrahán, os dice: te hago famoso y te doy mi bendición; es el Señor quien os envía, quiere y desea que os encontréis a través de este caminar con otra tierra y no precisamente de la que estáis creados. Atreveos a encontraros con Dios, Él nos dice que somos imagen y semejanza suya, dejad que Él os ame, llenaos de su amor, olvidaos de vosotros mismos, sed valientes. 3) «Salid para bendecir»: De allí vendréis de otra manera, en camino, pero con la conciencia de que hemos salido para bendecir, para entregar y ser instrumentos de la misericordia de Dios; para dar al mundo en el que vivimos lo que más necesita, el amor incondicional de Dios que tiene nombre y rostro: Jesucristo, Misericordia.

Vamos a vivir una cita importante con el Sucesor de Pedro, el Papa Francisco. Resonarán en su boca las palabras que el Papa San Juan Pablo II dijo en 1978: «No tengáis miedo, ¡abrid las puertas a Cristo!». Pero el Papa Francisco nos las dice con esas palabras que empleó en su toma de posesión: «No tengáis miedo a la ternura». Entonces nos invitó a custodiarnos unos a otros con ternura. Hay que custodiar la creación, es decir, tener respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos; custodiar a la gente, preocuparse y ocuparse de todos con amor, especialmente de los niños y ancianos, de los más frágiles; preocuparse y custodiarse uno a otro en la familia, en la confianza, en el respeto y en el bien. ¡Qué responsabilidad! ¡Qué gracia! En el fondo todo está confiado a la custodia del hombre. De ahí el interés que tiene el lema de la JMJ 2016: Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia (Mt 5, 7). Llevemos a todos, y a todo, la misericordia que es la viga maestra que sostiene a la Iglesia en su misión.

Me gustaría compartir con vosotros algunos descubrimientos en esta JMJ 2016 y, con ellos, también algunas ayudas que seguramente vais a recibir del Papa Francisco:

1. Descubrid lo que es esencial para vivir: La desertización espiritual –las ciudades y los modos de vida que se desean construir sin Dios– elimina la alegría, somete al ser humano a tener un experiencia de desierto, de vacío del valor esencial para vivir. Todo ello trae una inmensa sed manifestada de formas muy diferentes. En este encuentro mundial, estoy seguro de que el Papa Francisco nos va ayudar a ser personas-cántaros, es decir, personas que estamos llamadas a dar de beber a los demás.

2. Mantened con fuerza la convicción de los derechos humanos en la construcción de esta historia: ¡Qué maravilla volcarnos en esa misericordia de Dios que reconoce que todo ser humano es imagen y semejanza suya! Un ser humano es siempre sagrado e inviolable en cualquier situación y cada etapa de su desarrollo; es un fin en sí mismo y nunca un medio para resolver cualquier situación.

3. Sed revolucionarios, id a contracorriente: Revelaos frente a una cultura de lo provisional que cree que somos incapaces de amar y ser felices desde el fondo de nuestro ser, haciendo felices a los demás. En un mundo donde todo aparece como relativo, donde se predica que lo importante es disfrutar el momento y no comprometerse con las personas y con opciones definitivas, sed revolucionarios. Pero no de pandereta, sino entregando la misericordia, que es la manera de ser de Dios que se nos ha revelado en Jesucristo. Nos pide amar incondicionalmente, comprometernos hasta la muerte por todos y muy especialmente por los más débiles e indefensos.

4. Sed artesanos del futuro y profetas de la bondad de Dios: Hacedlo con los valores de la belleza, la bondad y la verdad. Hay que ser valientes para hacer cosas grandes y no caer en la mediocridad. Os lo aseguro, a través de toda mi vida, desde mis inicios de sacerdote y también como educador, he comprobado que en el corazón de un joven existen tres deseos innatos: 1) Cuando hacéis música, teatro y pintura, o cantáis, en el fondo está el deseo de la belleza; 2) Cuando ayudáis a los demás y no os importa gastar el tiempo en realizar trabajos sociales que construyen y facilitan la vida de los otros, manifestáis el deseo de bondad; 3) Cuando descubrís que no tenéis la verdad, sino que tenéis sed de verdad, entonces manifestáis el deseo de verdad. Estos deseos crean futuro, y envuelven y contagian bondad.

5. Sed testigos y defensores de la cultura de la vida: Aprended esto en la cátedra del buen samaritano. ¿Cómo es esa cátedra? Salid a los caminos, transitad por donde van los hombres. A todos los que encontréis heridos, acercaos, agachaos, miradlos, recogedlos, curadlos, prestad todo lo que tenéis y llevadlos a que se curen, nunca os desentendáis de ellos.

6. Estáis convocados a vivir el tiempo de la misericordia: Tratad con misericordia a todos, pues esta nueva época ha dejado muchos heridos y la Iglesia, como Jesucristo, tiene que salir a curar. Como Él, no se cansa de perdonar. Y no hay que esperar, hay que buscar a todos.

Con gran afecto, os bendice,

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