CRÓNICA DEL RETIRO INTERNACIONAL DE SACERDOTES LOYOLA 2013

FOTOS FREDY LOYOLA

RETIRO INTERNACIONAL DE SACERDOTES

Todos los que conocemos la Renovación Carismática sabemos que hay cosas que son difíciles de explicar, que sólo viviéndolas se pueden llegar a comprender. Algo así fue lo que vivimos más de noventa sacerdotes en el Retiro que había organizado “Mas Evangelización” durante los días 8 al 12 del mes de julio. El lugar, Loyola, la cuna de San Ignacio, bajo el cielo en el que dio un nuevo rumbo a su vida.

El lema del Retiro, enmarcado en el Año de la Fe,  era “Creo, Señor, pero aumenta mi poca fe”. Y para ello contamos con la presencia de dos personas que tienen el don de la intercesión por los sacerdotes, además del carisma de sanación, y que han recorrido todo el mundo para orar por los sacerdotes: Sor Briege McKenna y el P. Kevin McCallum. Su cercanía, su ternura, su dedicación y su sonrisa nos cautivaron desde el primer momento.

El Retiro comenzó con una Eucaristía en la capilla de la conversión de San Ignacio, presidida por el obispo de San Sebastián José Ignacio Munilla. El marco fue ya un signo de lo que se pretendía con estas jornadas.

Después vinieron las enseñanzas, cargadas de vivencias y testimonios, cargadas de fe y de confianza en la acción del Señor. Y, como complemento a las mismas, los momentos fuertes de adoración ante el Santísimo y la participación y renovación sacramental. Primero fue el reconocer nuestros pecados y abrirnos a la gracia y a la misericordia del Señor a través de la Reconciliación; después, tomando conciencia de las heridas corporales pero también de las internas, celebramos el sacramento de la Unción; otro día nos dimos cuenta de forma especial de la importancia del don recibido del sacerdocio, único don que hace presente sacramentalmente al Señor, y también meditamos en la castidad consagrada al estilo de Jesús; y por eso, a continuación, renovamos las promesas sacerdotales; otro día, tuvimos la vivencia íntima y profunda de la Eucaristía, presencia viva de Jesús entre nosotros. Y siempre, en un clima precioso de fraternidad sacerdotal y de intercesión los unos por los otros, por nuestras diócesis y congregaciones.

Tuvo una especial presencia la persona de María; cada tarde rezábamos juntos el rosario, y cada celebración iba conducida por el hilo de oro de su virginidad y maternidad. El canto en la liturgia y el compartir la acción de Dios en nosotros ponían cada día el toque necesario de comunión y amistad.

Al final, en una capilla mariana en la que San Ignacio solía subir a rezar, monseñor Munilla presidió la Eucaristía de despedida.

Y, aunque no entraba en el programa, sí quiero resaltar cómo por las noches, cuando ya casi todos se habían ido a descansar, un grupo de sacerdotes, encabezados por varios de Valencia, nos reuníamos en el oratorio para alabar con fuerza al Señor, invocar a la Virgen e interceder unos por otros. Una gozada de generosidad, fidelidad y gratuidad.

 

P. Pepe Márquez cmf

 

Podéis encontrar más testimonios en este blog entrando en Testimonios.

 

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