Nuestra Señora de las Nieves – 5 de agosto

NuestraSenoraNieves-5Agosto

En el siglo IV d.C. vivía en Roma una piadosa pareja. Él se llamaba Juan Patricio mientras que el nombre de su esposa se desconoce. Habían sido bendecidos con abundancia de bienes y también de fe. Sin embargo, su gran dolor era no tener hijos con los que pudieran compartir sus dones. Durante años habían rezado por un hijo y heredero. En esta situación pasaron muchos años sin ningún resultado. Por fin decidieron nombrar como heredera a la Santísima Virgen y le rezaron con devoción para que los guiara en la asignación de la herencia.

Nuestra Señora les agradeció sobremanera y la noche del 4 de agosto, se le apareció a Juan Patricio y a su esposa, diciéndoles que deseaba que construyeran una basílica en el Monte Esquilino (una de las siete colinas de Roma), en el punto preciso que ella señalaría con una nevada. También se le apareció al Papa Liberio con el mismo mensaje. En la mañana siguiente, el 5 de agosto, mientras brillaba el sol en pleno verano, la ciudad quedó sorprendida al ver un terreno nevado en el Monte Esquilino. La pareja, feliz, se apresuró al lugar y el Papa Liberio marchó hacia el mismo en solemne procesión. La nieve cubrió exactamente el espacio que debía ser utilizado para la basílica y desapareció una vez señalado el lugar. Pronto se construyó la Basílica de Santa María la Mayor.

 

Nuestra Señora, Protectora de Roma o Auxilio del Pueblo Romano

María salud del pueblo de Roma

El Papa Liberio buscaba una imagen de la Santísima Virgen que fuera digna de esta espléndida Basílica de Sta. María la Mayor. El mismo donó la famosísima Madonna, Nuestra Señora y el Niño, la cual, según una tradición había sido pintada por San Lucas sobre una gruesa tabla de cedro de casi cinco pies de alta y tres y un cuarto de ancha, y llevada a Roma por Santa Helena. Esta obra es venerada en el oratorio pontificio.

A lo largo de los años, el pueblo de Roma ha sido muy devoto de la Madonna. Cada vez que Roma se encontraba en peligro de calamidades o de pestilencia, corría en bandadas al santuario de Nuestra Señora para pedirle auxilio. La imagen era llevada en procesión solemne, con gran devoción. La Virgen Santísima les demostró ser una poderosa protectora con grandes milagros.

Durante el pontificado de San Gregorio el Grande, una peste terrible arrasó con la ciudad de Roma. El Pontífice ordenó que se hiciera una procesión penitencial desde Santa María la Magiore, en la cual el mismo llevaba una estatua de la Virgen. Durante la procesión 80 personas murieron, pero el pontífice continuaba sus oraciones. Cuando llegaron al puente que cruza el río Tiber, oyeron cantos de ángeles en el cielo. De pronto sobre el castillo (que hoy se llama “de San Angelo”), se apareció el arcángel San Miguel. En su mano derecha llevaba una espada que metió en su vaina. En ese mismo momento ceso la peste.

En la actualidad, esta advocación se le llama Nuestra Señora, Protectora de Roma o Auxilio del Pueblo Romano. El Señor también ha obrado milagros –por medio de la Stma. Virgen– a través de numerosas réplicas, particularmente sobre una que pertenecía a los Padres Jesuitas.

Los Papas siempre han sentido una tierna devoción por esta imagen de la Virgen María. Algunos han pasado incluso noches enteras en oración ante él. Benedicto XIV hizo el compromiso de hacerse presente para el canto de las letanías de Sta. María la Mayor todos los sábados. El Papa Pablo V, la noche en que iba a morir, manifestó el deseo de que lo llevaran a la capilla de Nuestra Señora para así poder morir a sus pies.

San Juan Pablo II desde el comienzo de su pontificado quiso que una lámpara estuviera encendida bajo este ícono mariano como muestra de su gran devoción.

El Papa Francisco antes de emprender un viaje internacional y al retornar a Italia se dirige a la Basílica de Santa María la Mayor, deja un ramo de flores al pie de la imagen mariana y se detiene en un momento de oración.

Instauración de la fiesta de María, Reina

El 1º de noviembre, de 1954, al final del Año Mariano, el Santo Padre Pío XII colocó una corona enjoyada sobre la pintura de Nuestra Señora, Protectora de Roma. En ese momento, se levantó un fuerte llanto de entre la gran multitud congregada en Sta. María la Mayor: “¡Viva la Reina!”. El Papa nombró a la Virgen Reina de cielos y tierra y decretó que se celebrara una fiesta especial para honrarla bajo ese título.

No era éste un nuevo privilegio para la Madre de Dios. Ella siempre ha sido considerada nuestra Reina, como lo testifica el arte Mariano desde los primeros siglos y las oraciones, especialmente la Letanía de Loreto. Sin embargo, no había hasta entonces fiesta en particular que lo conmemorara. En la actualidad esta fiesta se celebra el 22 de agosto.

La fiesta de Nuestra Señora de las Nieves, 5 de agosto, se celebraba, en principio, solamente en la basílica, se extendió en el siglo XIV a toda Roma y, finalmente, San Pío V la declaró fiesta de la Iglesia universal en el siglo XVII.

Fuente: corazones.org |aciprensa

 

 

Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor – 5 de agosto

SantaMariaMayor_05Agosto

Dedicación de la Basílica de Santa María la Mayor (Santa María de las Nieves,  Santa María del Pesebre). 

Tres nombres, tres denominaciones, tres advocaciones, tres títulos y un solo lugar de culto, una iglesia, una sola basílica y una sola Virgen Madre de Dios.

De planta rectangular, tiene tres naves con columnas jónicas. Su fachada principal mira a la plaza y se hizo en el siglo VIII, el campanario románico se construyó en el 1377 y la fachada posterior que da al monte Esquilino data del siglo XVII La imagen de la Virgen María situada sobre el altar mayor es del siglo XIII y el monumento a la Reina de la Paz lo erigió Benedicto XV al fin de la primera guerra mundial. El cielo raso fue dorado con el primer oro americano traído por Colón.

Conocer la historia de esta basílica, una de las cuatro «mayores» que se visitan a diario por multitud de orantes, lo mismo que por amigos del arte, de la cultura o de la historia, obliga a remontarse hasta el siglo IV y a meterse por las enrevesadas galerías de la leyenda.

Cuenta esta que un matrimonio romano, rico a más no poder y perteneciente a la nobleza, quiere hacer de su fortuna inagotable un buen empleo porque no tienen hijos Dan limosnas generosas a los necesitados, pero los bienes cuyo destino final les preocupa no tienen fondo. Una noche, Juan Patricio –así se llamaba el esposo– tuvo un sueño en el que la Virgen Santísima le pide la edificación de un templo en su honor, en el monte Esquilino, en el lugar que ella señale con nieve. Era la noche del 4 al 5 de agosto. A la mañana siguiente, en plena canícula romana, ha aparecido una copiosa y milagrosa nevada en un lugar bien preciso y determinado. Comunicados el sueño y la nevada al papa Liberio, que también ha tenido esa misma noche la misma comunicación celestial, se organiza una procesión de fieles que van a contemplar el prodigio entre rezos admirados y cantos jubilosos. (La leyenda no tiene ninguna garantía histórica y, además, debió de aparecer allá por el siglo XI. Pero cuajó en la devoción popular que cristalizó en los dos lienzos de un discípulo de Giotto: uno representa al papa Liberio, dormido, con mitra presente, y a la Virgen hablándole; en el otro se ve a Juan Patricio y a la Señora haciendo nevar sobre el Esquilino. También Murillo inmortalizó la leyenda dibujando al noble matrimonio contando el sueño al papa Liberio, mientras que en el fondo se distingue la procesión de los fieles hacia el sitio nevado). Lógicamente, esa iglesia se llamó Liberiana, aunque nadie priva al pueblo de darle su propia denominación de «La Virgen de las Nieves» cuyo nombre llevan tantas de las cristianas bautizadas bajo esta advocación. Allí fue donde tuvieron que luchar los partidarios del papa Dámaso contra los secuaces del antipapa Ursino, a fines del siglo IV.

Luego, otro papa, Sixto III (432-440), la mandó reconstruir. Y como el Concilio de Éfeso definió en el año 431 la Maternidad divina de María contra la herejía de Nestorio, provocando una oleada de amor mariano desde Oriente a Occidente a la Theotocos, la antigua iglesia Liberiana se convirtió en el eco romano a la definición efesina. Crece el fervor, llueven donativos de los fieles y las matronas se desprenden de sus joyas para colaborar en el enriquecimiento y adorno de la primera iglesia edificada en Roma en honor de la Virgen María, celebrando el misterio de su Maternidad divina –principal y base de todos los privilegios y títulos– que queda expresado de múltiples formas con mosaicos, frescos y pinturas por toda la estructura. El calificativo de «Mayor» le viene por ser la madre de todas las que en el mundo están dedicadas al nombre de María.

Una nueva advocación viene a añadirse al templo: «Sancta Maria ad Praesepe». Vino como secuela normal y lógica de la devoción, veneración y trato filial a la Virgen. Siendo la Madre de Dios, ¿cómo no se va a dar el salto a contemplar el nacimiento del Hijo por Quien y de Quien recibe toda su grandeza? Al lado de la basílica surge la gruta estrecha y recogida que es, de alguna manera, el remedo o copia de Belén. Allá van los papas, uno tras otro, a celebrar la Misa del Gallo al tiempo que van concediéndole también privilegios: Gregorio III (731-741) regala una rica imagen de oro que representa a la Madre abrazando al Hijo; Adriano I (772- 795) cubre el altar con láminas de oro y León III (795-816) regala tablas de plata acendrada. Como no podía ser menos, allí se mete mucho corazón: a la veneración de los fervorosos fieles se exponen maderas del pesebre y trozos de adobe traídos de Tierra Santa.

Virgen de las Nieves, Santa María la Mayor, Santa María del Pesebre... Virgen Santísima, Madre de Dios, ¡ruega por nosotros!

Fuente: Archidiócesis de Madrid
Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Decálogo del buen cura según el papa Francisco

Con motivo de la celebración del Santo Cura de Ars, publicamos este artículo en el que el Papa Francisco da pautas a los sacerdotes para ser “buenos curas” a imitación de San Juan María Vianney.

1. Adiós al clericalismo

Es casi uno de los mantras de Bergoglio. En su apertura del sínodo de los jóvenes, el Papa se refirió a la cuestión como “el flagelo del clericalismo” y no solo como apoyo silente de los abusos por parte de los clérigos. Para Bergoglio, una visión “elitista y excluyente, que interpreta el ministerio recibido como un poder para ejercer en lugar de un servicio gratuito y generoso para ofrecer” es algo que “nos lleva a creer que pertenecemos a un grupo que tiene todas las respuestas y ya no necesita escuchar y aprender nada”. Por ello, el Papa ha dicho que el clericalismo es “una perversión raíz de muchos males en la Iglesia” ante la cual hay que “pedir humildemente perdón y, sobre todo, crear las condiciones para que no se repita”.

2. Curas callejeros

Jesús, habiendo “podido perfectamente ser un escriba o un doctor de la ley, pero quiso ser un ‘evangelizador’, un predicador callejero, el ‘portador de alegres noticias’ para su pueblo”, señalaba Francisco en la Misa Crismal de 2018. El pontífice pidió a los sacerdotes que pongan en práctica la “pedagogía de la encarnación, de la inculturación; no solo en las culturas lejanas, también en la propia parroquia, en la nueva cultura de los jóvenes…”

Algo que se traduce en cercanía, que, para el Papa, “es más que el nombre de una virtud particular, es una actitud que involucra a la persona entera, a su modo de vincularse, de estar a la vez en sí mismo y atento al otro”. Es ser “curas cercanos, que están, que hablan con todos… Curas callejeros”.

3. Un don no apto para funcionarios de lo sagrado

La llamada al sacerdocio es un don, “no es un pacto de trabajo ni algo que tengo que hacer”, recordaba Francisco en una de las misas de la mañana en Santa Marta no hace mucho. Para el pontífice los curas no son meros funcionarios. “El hacer está en segundo plano, yo debo recibir el don y custodiarlo como un don”, señalaba, a la vez que recordaba que “cuando olvidamos esto, nos apropiamos del don y lo transformamos en función, perdemos el corazón del ministerio”.

Aunque “olvidar la centralidad de un don es algo humano”, Bergoglio insiste en “la importancia de la contemplación del ministerio como un don y no como una función”. Así, los llamados a seguir a Jesús “hacemos lo que podemos con buena voluntad, inteligencia, incluso con astucia”, pero siempre para custodiar este don.

4. Ensuciarse las manos

Los sacerdotes se manchan las manos no solo al ungir el crisma a los enfermos o a los bautizados. Francisco, en la Misa Crismal de 2019, señaló que “al ungir bien uno experimenta que allí se renueva la propia unción”. “No somos repartidores de aceite en botella. Ungimos repartiéndonos a nosotros mismos, repartiendo nuestra vocación y nuestro corazón”, añadió.

Para el pontífice, “al ungir somos reungidos por la fe y el cariño de nuestro pueblo. Ungimos ensuciándonos las manos al tocar las heridas, los pecados y las angustias de la gente; ungimos perfumándonos las manos al tocar su fe, sus esperanzas, su fidelidad y la generosidad incondicional de su entrega”. “El que aprende a ungir y a bendecir se sana de la mezquindad, del abuso y de la crueldad”, concluyó.

5. Expertos en misericordia

Francisco no quiere que el fiel vaya al confesionario como quien va a un tribunal o a una encerrona. “La misericordia auténtica se hace cargo de la persona, la escucha atentamente, se acerca con respeto y con verdad a su situación, y la acompaña en el camino de la reconciliación”, señaló en un discurso a los párrocos de Roma en 2014.

“La confesión es el paso de la miseria a la misericordia, es la escritura de Dios en el corazón. Allí leemos que somos preciosos a los ojos de Dios, que él es Padre y nos ama más que nosotros mismos” clamaba el papa en la liturgia penitencial de Cuaresma de 2019. “Como sacerdotes, somos testigos y ministros de la Misericordia siempre más grande de nuestro Padre; tenemos la dulce y confortadora tarea de encarnarla, como hizo Jesús, que ‘pasó haciendo el bien’ (Hch 10,38), de mil maneras, para que llegue a todos. Nosotros podemos contribuir a inculturarla, a fin de que cada persona la reciba en su propia experiencia de vida y así la pueda entender y practicar —creativamente— en el modo de ser propio de su pueblo y de su familia”, pedía el Papa en el Año de la Misericordia.

6. Recuperar la ilusión

Francisco es consciente de que los sacerdotes también viven la desilusión o la soledad. Incluso dedicó al tema una de sus intenciones y vídeos mensuales, el de julio de 2018. “Que los sacerdotes que viven con fatiga y en la soledad el trabajo pastoral se sientan ayudados y confortados por la amistad con el Señor y con los hermanos”, imploraba.

 Para Bergoglio, los presbíteros están a veces con “tantos frentes abiertos” en campos diversos, que “no se pueden quedar parados después de una desilusión”. Por eso invita a todos a rezar por los sacerdotes: “la gente quiere a sus pastores, los necesita, confía en ellos”.

7. Fuera los que buscan hacer carrera

En su primer encuentro con los nuncios, en junio de 2013, Francisco, en un discurso muy personal, les pidió: “Estad atentos a que los candidatos sean pastores cercanos a la gente; este es el primer criterio. Pastores cercanos a la gente. Si es un gran teólogo, una gran cabeza, que vaya a la universidad, donde hará tanto bien. ¡Pastores! ¡Los necesitamos!” para de no sucumbir a la “mundanidad espiritual”.

“Que sean padres y hermanos; que sean mansos, pacientes y misericordiosos; que amen la pobreza, interior como libertad para el Señor, y también exterior, como sencillez y austeridad de vida; que no tengan una mentalidad de ‘príncipes’. Estad atentos a que no sean ambiciosos, que no busquen el episcopado… Los que buscan el episcopado, esos no convienen. Y que sean esposos de una Iglesia sin estar siempre a la búsqueda de otra”, dijo claramente.

8. Lenguaje positivo en la homilía

La exhortación ‘Evangelii gaudium’ dedica varios puntos, de forma muy directa, a la homilía. Escribe el Papa que “la homilía no puede ser un espectáculo entretenido, no responde a la lógica de los recursos mediáticos, pero debe darle el fervor y el sentido a la celebración” (núm. 138).

Francisco invita a emplear un “lenguaje positivo”. “No dice tanto lo que no hay que hacer, sino que propone lo que podemos hacer mejor. En todo caso, si indica algo negativo, siempre intenta mostrar también un valor positivo que atraiga, para no quedarse en la queja, el lamento, la crítica o el remordimiento” (núm 159), aconseja.

9. El aliento de la oración

Por supuesto, la oración es indispensable en la vida de los presbíteros. En su carta a los sacerdotes con motivo de los 160 años de la muerte del santo Cura de Ars, el pasado mes de agosto de 2019, el Papa recordaba que “en la oración experimentamos nuestra bendita precariedad que nos recuerda que somos discípulos necesitados del auxilio del Señor y nos libera de esa tendencia prometeica de quienes en el fondo sólo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas”.

“La oración del pastor se nutre y encarna en el corazón del Pueblo de Dios. Lleva las marcas de las heridas y alegrías de su gente a la que presenta desde el silencio al Señor para que las unja con el don del Espíritu Santo. Es la esperanza del pastor que confía y lucha para que el Señor cure nuestra fragilidad, la personal y la de nuestros pueblos. Pero no perdamos de vista que precisamente en la oración del Pueblo de Dios es donde se encarna y encuentra lugar el corazón del pastor”, reclamaba.

10. La teología del encuentro

También es una de las máximas de Francisco, el poder transformador y evangelizados del encuentro. En la carta a todos los presbíteros también señalaba que “nuestro tiempo, marcado por viejas y nuevas heridas”, y, por ello, “necesita que seamos artesanos de relación y de comunión, abiertos, confiados y expectantes de la novedad que el Reino de Dios quiere suscitar hoy”. “En estos últimos tiempos”, señalaba Francisco, “hemos podido oír con mayor claridad el grito, tantas veces silencioso y silenciado, de hermanos nuestros, víctimas de abuso de poder, conciencia y sexual por parte de ministros ordenados”. Esto ha hecho que se convierta en un “tiempo de sufrimiento en la vida de las víctimas que padecieron las diferentes formas de abusos; también para sus familias y para todo el Pueblo de Dios”.

Fuente: Vida Nueva digital
Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , , | Deja un comentario

Ángelus 2 de agosto de 2020

Plaza de San Pedro
Domingo, 2 de agosto de 2020


 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo nos presenta el milagro de la multiplicación de los panes (cfr Mt 14,13-21). La escena se desarrolla en un lugar desierto, donde Jesús se había retirado con sus discípulos. Pero la gente lo alcanza para escucharlo y hacerse curar: sus palabras y sus gestos sanan y dan esperanza. Al caer el sol, la multitud está todavía allí, y los discípulos, hombres prácticos, invitan a Jesús a despedirse de ellos para que puedan ir a buscar comida. Pero Él responde: «Dadles vosotros de comer» (v. 16). ¡Imaginamos las caras de los discípulos! Jesús sabe bien lo que va a hacer, pero quiere cambiar la actitud de ellos: no decir “despídete, que se las arreglen, que encuentren ellos algo de comer”, no, sino “¿qué nos ofrece la Providencia para compartir?”. Dos actitudes contrarias. Y Jesús quiere llevarles a la segunda actitud, porque la primera propuesta es la propuesta de un hombre práctico, pero no generosa: “despídete, que vayan a encontrar, que se las arreglen”. Jesús piensa de otra manera. Jesús, a través de esta situación, quiere educar a sus amigos de ayer y de hoy en la lógica de Dios. ¿Y cuál es la lógica de Dios que vemos aquí? La lógica del hacerse cargo del otro. La lógica de no lavarse las manos, la lógica de no mirar a otro lado. La lógica del hacerse cargo del otro. El “que se las arreglen” no entra en el vocabulario cristiano.

Apenas uno de los Doce dice, con realismo: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces», Jesús responde: «Traédmelos acá» (vv. 17-18). Toma esa comida entre sus manos, levanta los ojos al cielo, pronuncia la bendición e inicia a partir y a dar las porciones a los discípulos para distribuirlas. Y esos panes y esos peces no terminan, basta y sobra para miles de personas.

Con ese gesto Jesús manifiesta su poder, pero no de forma espectacular, sino como señal de la caridad, de la generosidad de Dios Padre hacia sus hijos cansados y necesitados. Él está inmerso en la vida de su pueblo, comprende los cansancios, comprende los límites, pero no deja que ninguno se pierda o falte: nutre con su Palabra y dona alimento abundante para el sustento.

En este pasaje evangélico se percibe también la referencia a la Eucaristía, sobre todo donde describe la bendición, la fracción del pan, la entrega a los discípulos, la distribución a la gente (v. 19). Y cabe señalar el vínculo estrecho entre el pan eucarístico, alimento para la vida eterna, y el pan cotidiano, necesario para la vida terrena. Antes de ofrecerse a sí mismo al Padre como Pan de salvación, Jesús se preocupa por el alimento para aquellos que lo siguen y que, por estar con Él, se han olvidado de hacer provisiones. A veces se contrapone espíritu y materia, pero en realidad el espiritualismo, como el materialismo, es ajeno a la Biblia. No es un lenguaje de la Biblia.

La compasión, la ternura que Jesús ha mostrado respecto a la multitud no es sentimentalismo, sino la manifestación concreta del amor que se hace cargo de las necesidades de las personas. Y nosotros estamos llamados a acercarnos a la celebración eucarística con estas mismas actitudes de Jesús: en primer lugar compasión de las necesidades de los otros. Esta palabra que se repite en el Evangelio cuando Jesús ve un problema, una enfermedad o esta gente sin comida. “Tuvo compasión”. Compasión no es un sentimiento puramente material; la verdadera compasión es padecer con, tomar sobre nosotros los dolores de los otros. Quizá nos hará bien hoy preguntarnos: ¿yo tengo compasión? Cuando leo las noticias de las guerras, del hambre, de las pandemias, tantas cosas, ¿tengo compasión de esa gente? ¿Yo tengo compasión de la gente que está cerca de mí? ¿Soy capaz de padecer con ellos, o miro a otro lado o digo “que se las arreglen”? No olvidar esta palabra “compasión”, que es confianza en el amor providente del Padre y significa valiente compartir.

María Santísima nos ayude a recorrer el camino que el Señor nos indica en el Evangelio de hoy. Es el recorrido de la fraternidad, que es esencial para afrontar las pobrezas y los sufrimientos de este mundo, especialmente en este momento grave, y que nos proyecta más allá del mundo mismo, porque es un camino que inicia en Dios y a Dios vuelve.


Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

pienso en el pueblo de Nicaragua que sufre por el atentando a la Catedral de Managua, donde ha sido muy dañada – casi destruida – la imagen tan venerada de Cristo, que ha acompañado y sostenido durante siglos la vida del pueblo fiel. Queridos hermanos nicaragüenses, estoy cerca de vosotros y rezo por vosotros.

Desde ayer y hasta la medianoche de hoy se celebra el “Perdón de Asís”, el don espiritual que San Francisco obtiene de Dios por intercesión de la Virgen María. Se trata de una indulgencia plenaria que se puede recibir acudiendo a los Sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía y visitando una iglesia parroquial o franciscana, recitando el Credo, el Padre nuestro y rezando por el Papa y sus intenciones. La indulgencia puede también ser destinada a una persona difunta. ¡Qué importante es volver a poner en el centro siempre el perdón de Dios, que “genera paraíso” en nosotros y en torno a nosotros, este perdón que viene del corazón de Dios que es misericordioso!

Saludo con afecto a vosotros aquí presentes, romanos -¡muchos!- y peregrinos: ¡veo los alpinos de Palosco allí, les saludo! También muchos brasileños allí, con las banderas. Os saludo a todos, también a los devotos a la Inmaculada, siempre presentes.

Y ampliando el pensamiento a los que están conectados, deseo que en este periodo muchos puedan vivir algún día de descanso y de contacto con la naturaleza, en el que recargar también la dimensión espiritual. Al mismo tiempo deseo que, con el compromiso convergente de todos los responsables políticos y económicos, se relance el trabajo: sin trabajo las familias y la sociedad no pueden ir adelante. Rezamos por esto, es y será un problema de la post-pandemia: la pobreza, la falta de trabajo. Y es necesaria mucha solidaridad y mucha creatividad para resolver este problema.

Os deseo a todos buen domingo. Y por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 


© Copyright – Libreria Editrice Vaticana
Fuente: Vatian.va
Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Nuestra Señora de los Ángeles – 2 de agosto

Regina_angelorum

En el día de hoy contemplamos la gran fiesta del Cielo en la que la Trinidad Beatísima sale al encuentro de Nuestra Madre, asunta ya a los Cielos por toda la eternidad, y las criaturas angélicas dan a la Señora la honra que merece.

Desde que la doncella nazarena, María, fue visitada –«concebirás en tu seno y darás a luz a un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará eternamente sobre la casa de Jacob, y su Reino no tendrá fin»– por aquel personaje celeste, todo un Arcángel, y le dio «el sí», que sonaba a culto «genoito» griego o a «fiat» latino vulgar, la Virgen María es la Madre de Jesucristo. Así lo ha confesado la Iglesia desde siempre, y, cuando la maternidad divina fue puesta en entredicho –alguna vez, quizá, por no ser los hombres capaces de exponer lo que en el Hijo Encarnado pertenece al misterio–, surgieron concilios que explicitaron la fe.

La misma revelación llamará a Jesucristo resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, Señor de señores (cfr. Ap 19, 16). Jesucristo es Señor porque le compete una plena y completa potestad, tanto en el orden natural como en el sobrenatural; este dominio, además de ser pleno, le es propio y es absoluto. La grandeza de María está íntimamente relacionada con la de su Hijo y su soberanía es plena y participada de la de su Hijo. El término Señora aplicado a la Virgen no es una metáfora; con él designamos su verdadera preeminencia y reconocemos en ella su auténtica dignidad y potestad en los cielos y en la tierra. María, por ser Madre del Dueño y Señor, es verdadera y propiamente Soberana, encontrándose en la cima de la creación y siendo efectivamente la primera y principal persona no-divina del universo. Afirma la bula definitoria de la Inmaculada, Ineffabilis Deus (8-XII-1854), que ella es «bellísima y perfectísima, tiene tal plenitud de inocencia y santidad que no se puede concebir otra mayor después de Dios, y que fuera de Dios nadie podrá jamás comprender».

Por esta razón, ha sido venerada siempre como la criatura más excelsa, por encima de todos los Ángeles. Ellas, las criaturas celestiales, diversificadas en sus jerarquías de Querubines, Serafines, Tronos, Principados, Potestades, Ángeles y Arcángeles, le rinden pleitesía, como los patriarcas y los profetas y los Apóstoles… y los mártires y los confesores y las vírgenes y todos los santos…

Pero como los títulos de María están fundamentados en su unión con Cristo como Madre y en la asociación con su Hijo en la obra redentora del mundo, resulta que, por el primer fundamento, María es Madre de Dios, lo cual la enaltece sobre las demás criaturas; por el segundo, María también es nuestra Señora, dispensadora de los tesoros y bienes de Dios, en razón de su corredención. Cierto que en múltiples y variadísimas ocasiones hemos acudido a ella recordándole este hermoso título soberano, y lo hemos considerado repetidas veces en el quinto misterio glorioso del Santo Rosario. Hoy, de una manera especial, ¿qué puede impedirnos que la tratemos con el cariño de un hijo? De hecho, su propio Hijo le aplicó las mismas palabras del Amado que se leen en el Cantar de los Cantares, diciéndole: «Eres toda hermosa, y no hay en ti mancha. Huerto cerrado, fuente sellada. Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente» (Ct 4, 7; 4, 12; 2, 10 y 12) ¡Ven, serás coronada!.

Seguro que Ella nos espera; seguro que desea que nos unamos a la alegría de los ángeles y de los santos… con toda la creación. Y tenemos derecho a participar en una fiesta tan grande, pues es nuestra Madre.

Fuente: Archidiócesis de Madrid

 

Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , , | 1 Comentario

Domingo XVIII del Tiempo Ordinario. ciclo A – P. Raniero Cantalamessa

 

fano-milagro-de-los-panes-y

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan Bautista se marchó de allí en barca, a solas, a un lugar desierto. Cuando la gente lo supo, lo siguió por tierra desde los poblados. Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida». Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer». Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces». Les dijo: «Traédmelos». Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños. (Mt 14, 13-21)

 

Todos fueron saciados

Un día Jesús se retira a un lugar solitario, en el mar de Galilea. Pero cuando va a desembarcar, se encuentra con una gran multitud que le espera. Él «sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos». Les habla del reino de Dios. Pero entretanto atardece. Los apóstoles sugieren despedir a la multitud, para que se procure comida en los pueblos cercanos. Pero Jesús les deja de piedra diciendo, de forma que todos oigan: «¡Dadles vosotros de comer!». Y los discípulos responden desconcertados: «¡No tenemos más que cinco panes y dos peces!». Jesús ordena que se los lleven. Invita a todos a sentarse. Toma los cinco panes y los dos peces, ora, da gracias al Padre, después ordena distribuir todo a la multitud.

«Todos comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos». Son cinco mil hombres, sin contar, dice el Evangelio, a las mujeres y a los niños. ¡Es el picnic más gozoso en la historia del mundo! ¿Qué nos enseña este pasaje del Evangelio? Primero, que Jesús se preocupa y «siente compasión» de todo el hombre, cuerpo y alma. A las almas Jesús distribuye la Palabra, a los cuerpos la curación y el alimento. Surge por lo tanto objetar: ¿por qué no lo hace también hoy? ¿Por qué no multiplica el pan para tantos millones de hambrientos que hay en la tierra?

El Evangelio de la multiplicación de los panes contiene un detalle que nos puede ayudar a encontrar la respuesta. Jesús no chasqueó simplemente los dedos e hizo aparecer como por arte de magia panes y peces a voluntad. Preguntó a sus discípulos qué tenían; invitó a compartir lo poco que tenían: cinco panes y dos peces.

Lo mismo hace hoy. Pide que pongamos en común los recursos de la tierra. Es archisabido que, al menos desde el punto de vista alimentario, nuestra tierra sería capaz de mantener a más miles de millones de seres humanos que los actuales. ¿Pero cómo podemos acusar a Dios de no proporcionar pan suficiente para todos, cuando cada año destruimos millones de toneladas de provisiones alimentarias, que llamamos «excedentes», para no bajar los precios? Se necesita una mejor distribución, una mayor solidaridad y compartir: la solución está ahí.

Lo sé: no es tan sencillo. Existe la manía de los armamentos, hay gobernantes irresponsables que contribuyen a mantener muchas poblaciones en el hambre. Pero una parte de responsabilidad cae también en los países ricos. Nosotros somos ahora aquella persona anónima (un chaval, según uno de los evangelistas) que tiene cinco panes y dos peces; sólo que los mantenemos apretados y nos guardamos bien de entregarlos para que sean divididos entre todos.

Por el modo en que está descrita («tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos») la multiplicación de los panes y los peces ha hecho siempre pensar en la multiplicación de ese otro pan que es el cuerpo de Cristo. Por esto las más antiguas representaciones de la Eucaristía nos muestran un canasto con cinco panes y, a los lados, dos peces, como el mosaico descubierto en Tabga, en Palestina, en la iglesia erigida en el lugar de la multiplicación de los panes, o en el fresco de las catacumbas de Priscila.

En el fondo, también lo que estamos haciendo en este momento es una multiplicación de los panes: el pan de la palabra de Dios. Yo he partido el pan de la palabra y la imprenta ha multiplicado mis palabras, de modo que más de cinco mil hombres, también esta vez, han comido y se han saciado. Queda una tarea: «recoger los trozos sobrantes», hacer llegar la palabra igualmente a quien no ha participado en el banquete. Hacerse «repetidores» y testigos del mensaje.

P. Raniero Cantalamessa, ofmcap
[Original italiano publicado por «Famiglia Cristiana». Traducción realizada por Zenit]

 

 

Publicado en Documentos | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El eco de Su voz: “Las Glorias de María”

GloriasMaria

Libros de piedad mariana, o sobre la Virgen, gracias a Dios hay muchos, y algunos muy buenos. Pero cuando quien escribe sobre la Madre de Jesús es un santo, algo del perfume de su virtud trasparece en sus líneas, haciendo de ellas incomparables.

Es el caso de Las Glorias de María de ese gran santo y doctor de la Iglesia que fue San Alfonso María de Ligorio, patrono de confesores y moralistas. Doctor en leyes a los 16 años, a los 26 elige abandonar el mundo y entrar en el estado religioso. Fundador de comunidad religiosa, obispo y prolífico escritor, la vida de este santo bien merecería ser expuesta a todos los auditorios con las más modernas técnicas de difusión.

Es la santidad de San Alfonso, la que consigue que su profundo conocimiento del Dogma, de la Historia de la Iglesia, de la Teología moral, de la Espiritualidad cristiana y de la Pastoral, presente en sus múltiples obras, no apague eso que llamaríamos candura infantil devota, harto presente en el libro que él dedica a homenajear a la Virgen Inmaculada y a hacer la alabanza de sus glorias. Por lo demás, al tiempo que la lectura de ese libro nos muestra la inocente y entrañada devoción del santo, revela también su erudición y profundo conocimiento de la doctrina católica sobre María Santísima.

El libro, un clásico de mariología, se inicia con una declaración de cristocentrismo, no teórica, sino vital , real: “Amado Redentor y Señor mío Jesucristo, yo indigno siervo tuyo, sabiendo el placer que te proporciona quien trata de glorificar a tu Madre santísima, a la que tanto amas y tanto deseas ver amada y honrada por todos, he pensado publicar este libro mío que habla de sus glorias. Y pues con tanto afán tomas la gloria de esta Madre, a nadie más digno que a ti puedo dedicarlo”.

Se trata de un libro creado para edificar al lector cristiano, pero antes que nada para “proporcionar placer a Cristo” hablando de las glorias de su madre.

Es muy fácil obtener Las Glorias de María, un clásico inmortal de la piedad mariana. En Internet también se consiguen muy buenas versiones, gratuitas. Para animar a los cibernautas a que emprendan su lectura, nos permitimos trascribir aquí algunos pasajes que nos han impresionado especialmente, de una relectura hecha por estos días de ese insigne documento:

María: Reina sí, pero llena de dulzura y nuestra Madre

“María es Reina; pero no olvidemos, para nuestros común consuelo, que es una reina toda dulzura y clemencia e inclinada a hacernos bien a los necesitados.”

“El Arzobispo de Praga, Ernesto, dice que el eterno Padre ha dado al Hijo el oficio de juzgar y castigar, y a la Madre el oficio de compadecer y aliviar a los miserables.”

“Si Jesús es el Padre de nuestra almas, María es la madre, porque dándonos a Jesús nos dio la verdadera vida, y ofreciendo en el Calvario la vida de su Hijo por nuestra salvación fue como darnos a luz y hacernos nacer a la vida de la gracia.”

“Somos hijos muy queridos de María porque le hemos costado excesivos dolores. Las madres aman más a los hijos por los que más cuidados y sufrimientos han tenido para conservarles la vida. Nosotros somos esos hijos por los cuales María, para obtenernos la vida de la gracia, ha tenido que sufrir el martirio de ofrecer la vida de su amado Jesús”.

María socorre especialmente a quienes la aman

“Si María es tan buena con todos, aun con los ingratos y negligentes que la aman poco y poco recurren a ella, ¿cómo será ella de amorosa con los que la aman y la invocan con frecuencia? ‘Se deja ver fácilmente de los que la aman, y hallar de los que la buscan’. (Sab 6, 13). Exclama San Alberto Magno: ‘¡Qué fácil para los que aman a María encontrarla toda llena de piedad y de amor!’ “.

A un joven religioso medieval, que se había vuelto bandolero, pero que a pesar de su debilidad quería regresar a la vida de virtud, la Virgen se le aparece y le dice: ” ‘Hijo mío, ¿por qué me dejas?’. Ernesto, confuso y compungido, cayó en tierra y respondió. ‘Señora, ¿pero no ves que no puedo resistir más? ¿Por qué no me ayudas?’. La Virgen le respondió: ¿Y tú por qué no me has invocado? Si te hubieras encomendado a mí, no te verías en este estado. De hoy en adelante encomiéndate a mí y no dudes”.

“Dice San Bernardino de Siena que Dios no destruyó al hombres después del pecado por el amor especialísimo que tenía a esta su hija que había de nacer. Y añade el santo que no tiene la menor duda en creer que todas la misericordias y perdones recibidos por los pecadores en la antigua ley, Dios se los concedió en vistas a esta bendita doncella.”

“Comentando la parábola del hijo pródigo, hace el abad Ruperto una hermosa reflexión. Dice que si el hijo díscolo hubiese tenido viva la madre, jamás se hubiera ido de la casa del padre o hubiera regresado antes de que lo hizo. Con esto quiere decir que quien se siente hijo de María jamás se aparta de Dios, o si por desgracia se aparta, por medio de María pronto vuelve”.

La devoción a María no compite con el amor al Redentor

“‘Maldito el hombre que confía en otro hombre’ (Jer 17, 5). María, exclaman, es una criatura; ¿y cómo puede ser una criatura nuestra esperanza? Esto dicen los herejes. Pero contra ellos la santa Iglesia quiere que todos los sacerdotes y religiosos alcen la voz de parte de todos los fieles y a diario invoquen a María con este dulce nombre de esperanza nuestra, esperanza de todos: Esperanza nuestra salve. De dos maneras dice el angélico Santo Tomás, podemos poner nuestra confianza en una persona: o como causa principal o como causa intermedia. Los que quieren alcanzar algún favor de un rey, o lo esperan del rey como señor, o lo esperan conseguir por el ministro o favorito como intercesor. Si se obtiene semejante gracia, se obtiene del rey pero por medio de su favorito, por lo que quien la obtiene, razón tiene para llamar a su intercesor su esperanza.”

“Ordenó Dios a Moisés que hiciera un propiciatorio de oro purísimo para hablarle desde allí: ‘Me harás un propiciatorio de oro purísimo…; desde él te daré mis órdenes y hablaré contigo’ (Ex 25, 17). Dice un autor que ese propiciatorio es María, desde el cual Dios habla a los hombres y desde el que nos concede el perdón y sus gracias y favores.”

“Con razón San Antonio aplica a María el pasaje de la Sagrada Escritura: ‘Todos los bienes me vinieron juntamente con ella’ (Sab 7, 11). Ya que María es la madre y dispensadora de todos los bienes, bien puede decirse que el mundo, y sobre todo lo que en el mundo son devotos de esta reina, junto con esta devoción a María han obtenido todos los bienes.”

Fuente: Gaudium Press / S. C. | Cari Filii

 

Pinchando aquí se abre el documento que contiene el texto completo de LAS GLORIAS DE MARÍA

 

Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

El eco de Su voz: ¿Quién era Nuestra Señora del Camino para San Ignacio?

“San Ignacio llama en su libro de los Ejercicios Espirituales a la Virgen María como ‘Nuestra Señora’. A ella le encomendó siempre su peregrinar hacia Jesús”

El 24 de mayo se celebra a Nuestra Señora del Camino, patrona de la Compañía de Jesús y ante quien San Ignacio de Loyola y los otros fundadores de la Compañía oraban en Roma. Su día conmemorativo ayuda a recordar a todos los jesuitas que son peregrinos, quienes, al igual que San Ignacio, le piden que les “muestre la vía para llegar al Padre”.

Acá te presentamos cuán importante era la imagen de Nuestra Señora del Camino para San Ignacio y para toda la Compañía de Jesús, tomando el libro “Santos y Beatos de la Compañía de Jesús” del P. Jaime Correa, SJ.

“San Ignacio llama en su libro de los Ejercicios Espirituales a la Virgen María como “Nuestra Señora”. A ella le encomendó siempre su peregrinar hacia Jesús. Su oración continua era pedirle “que los pusiera con su Hijo”. Siempre fue una figura importante en su relación con Dios.

Desde su convalecencia y conversión en Loyola sintió su presencia: “Estando una noche despierto, vi claramente una imagen de Nuestra Señora con el Santo Niño Jesús, con cuya vista por espacio notable recibí consolación muy excesiva”, y el afecto inmediato fue “un asco de toda mi vida pasada especialmente de cosas de carne y nunca más tuve ni el menor consentimiento en ello”.

En un cuaderno las palabras de Cristo las anotaba con tinta roja; las de la Virgen, con tinta azul.

Ya ordenado sacerdote, San Ignacio dijo su primera misa en la Navidad de 1531 en el Altar del Pesebre en la Basílica de Santa María la Mayor.

Elegido General de la naciente Compañía de Jesús celebró la Santa Misa en el Altar del Santísimo Sacramento de la Basílica de San Pablo Extramuros frente a una imagem bizantina, en mosaico, de la Virgen María. Ante esa imagen San Ignacio y sus compañeros prometieron pobreza, castidad, obediencia y especial obediencia al Santo Padre. Se considera ese día como el verdadero nacimiento de la Compañía de Jesús.

San Ignacio y sus compañeros vivieron en Roma al lado de la Iglesia Santa María del Camino, que posteriormente el Papa Paulo III se la entregó a la Compañía de Jesús. Esta iglesia que se encontraba en la Plaza del Gesù, fue la primera de la Compañía.

San Ignacio Celebraba la misa, todos los días, en el altar de Nuestra Señora del Camino. Y en esta casa San Ignacio pasó el resto de su vida. Desde allí dirigió a las Compañía de Jesús, escribió sus cartas, compuso las Constituciones, recibió visitas y murió el 31 de julio de 1556. Su cuerpo fue enterrado en la Iglesia de Nuestra Señora del Camino.

La Iglesia del Gesù, construida entre 1568 y 1584, conservó en su interior la Capilla de Nuestra Señora del Camino.

Después de la canonización de San Ignacio, el 29 de julio de 1622, sus restos fueron trasladados a un altar de la Iglesia del Gesù, muy cerca de la Capilla de Nuestra Señora del Camino.

La imagen de Nuestra Señora del Camino fue canónicamente coronada en 1638 y ocupa un puesto relevante, con notable veneración de los fieles. La Santa Sede otorgó a toda la Compañía de Jesús en 1978 su misa y oficio litúrgico propio para el día 24 de mayo”.

Fuente: Libro “Santos y Beatos de la Compañía de Jesús”, P. Jaime Correa, SJ.
Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , | Deja un comentario

Ángelus 26 de julio de 2020

Plaza de San Pedro
Domingo, 26 de julio de 2020


 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Evangelio de este domingo (cfr. Mt 13, 44-52) corresponde a los últimos versículos del capítulo que Mateo dedica a las parábolas del Reino de los cielos. El pasaje tiene tres parábolas apenas esbozadas y muy breves: la del tesoro escondido, la de la perla preciosa y la de la red lanzada al mar.

Me detengo en las dos primeras en las cuales el Reino de los cielos es comparado con dos realidades diferentes «preciosas», es decir el tesoro escondido en el campo y la perla de gran valor. La reacción del que encuentra la perla o el tesoro es prácticamente igual: el hombre y el mercader venden todo para comprar lo que más les importa. Con estas dos similitudes, Jesús se propone involucrarnos en la construcción del Reino de los cielos, presentando una característica esencial de la vida cristiana: se adhieren completamente al Reino aquellos que están dispuestos a jugarse todo, que son valientes. De hecho, tanto el hombre como el mercader de las dos parábolas venden todo lo que tienen, abandonando así sus seguridades materiales. De esto se entiende que la construcción del Reino exige no solo la gracia de Dios, sino también la disponibilidad activa del hombre. ¡Todo lo hace la gracia, todo! De nuestra parte solamente la disponibilidad a recibirla, no la resistencia a la gracia: la gracia hace todo pero es necesaria “mi” responsabilidad, “mi” disponibilidad.

Los gestos de ese hombre y del mercader que van en busca, privándose de los propios bienes, para comprar realidades más preciosas, son gestos decisivos, son gestos radicales, diría solamente de ida, no de ida y vuelta: son gestos de ida. Y, además, realizados con alegría porque ambos han encontrado el tesoro. Somos llamados a asumir la actitud de estos dos personajes evangélicos, convirtiéndonos también nosotros en buscadores sanamente inquietos del Reino de los cielos. Se trata de abandonar la carga pesada de nuestras seguridades mundanas que nos impiden la búsqueda y la construcción del Reino: el anhelo de poseer, la sed de ganancia y poder, el pensar solo en nosotros mismos.

En nuestros días, todos lo sabemos, la vida de algunos puede resultar mediocre y apagada porque probablemente no han ido a la búsqueda de un verdadero tesoro: se han conformado con cosas atractivas pero efímeras, de destellos brillantes pero ilusorios porque después dejan en la oscuridad. Sin embargo la luz del Reino no son fuegos artificiales, es luz: los fuegos artificiales duran solamente un instante, la luz del Reino nos acompaña toda la vida.

El Reino de los cielos es lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es lo contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios. De hecho, quien ha encontrado este tesoro tiene un corazón creativo y buscador, que no repite sino que inventa, trazando y recorriendo caminos nuevos, que nos llevan a amar a Dios, a amar a los otros, a amarnos verdaderamente a nosotros mismos. El signo de aquellos que caminan en este camino del Reino es la creatividad, siempre buscando más. Y la creatividad es la que toma la vida y da la vida, y da, y da, y da… Siempre busca muchas maneras diferentes de dar la vida.

Jesús, Él que es el tesoro escondido y la perla de gran valor, no puede hacer otra cosa que suscitar la alegría, toda la alegría del mundo: la alegría de descubrir un sentido para la propia vida, la alegría de sentirla comprometida en la aventura de la santidad.

La Virgen Santa nos ayude a buscar cada día el tesoro del Reino de los cielos, para que en nuestras palabras y en nuestros gestos se manifieste el amor que Dios nos ha donado mediante Jesús.


Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

en la memoria de santos Joaquín y Ana, los “abuelos” de Jesús, quisiera invitar a los jóvenes a realizar un gesto de ternura hacia los ancianos, sobre todo a los que están más solos, en las casas y en las residencias, los que desde hace muchos meses no ven a sus seres queridos. ¡Queridos jóvenes, cada uno de estos ancianos es vuestro abuelo! ¡No les dejéis solos! Usad la fantasía del amor, haced llamadas, videollamadas, enviad mensajes, escuchadles y, donde sea posible respetando las normas sanitarias, id a visitarlos. Enviadles un abrazo. Ellos son vuestras raíces. Un árbol separado de las raíces no crece, no da flores ni frutos. Por esto es importante la unión y la conexión con vuestras raíces. “Lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado”, dice un poeta de mi patria. Por esto os invito a dar un aplauso grande a nuestros abuelos, ¡todos!

He sabido que  los miembros del Grupo de Contacto Trilateral han decidido recientemente en Minsk un nuevo alto el fuego respecto a la zona de Donbbas. Mientras agradezco este signo de buena voluntad destinado a restaurar la paz tan deseada en esa región atormentada, rezo para que lo que se acordó finalmente se ponga en práctica, también a través de un proceso efectivo de desarme y eliminación de las minas. Solo así se podrá reconstruir la confianza y sentar las bases para la reconciliación, tan necesaria y tan esperada por la población.

Os saludo de corazón a todos vosotros, romanos y peregrinos de diferentes países. Saludo en particular a los fieles de Franca (Brasil), está la bandera allí, a los jóvenes de la archidiócesis de Módena-Nonantola y los de la parroquia de Santos Fabiano y Venanzio de Roma. ¡Estos son ruidosos, se hacen oír!

Os deseo a todos un buen domingo. Por favor no os olvidéis de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!

 


© Copyright – Libreria Editrice Vaticana
Fuente: Vatican.va
Imagen | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario